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Auschwitz

 

El próximo lunes 27 de enero se cumple el septuagésimo quinto aniversario de la liberación de Auschwitz, el campo de exterminio nazi más conocido. En esa fecha en 1945, y luego de una intensa lucha, el ejército soviético logró por fin abrir las puertas de aquel sórdido lugar, siendo recibidos por 7000 moribundos prisioneros, si se suman también a los recluidos en Birkenau y Monowitz, otros campos que completaban el complejo. En total se ha calculado que en esas instalaciones fueron asesinados cerca de un millón de personas, conformando uno de los episodios más despiadados y vergonzosos de la historia reciente. Es por eso que conviene no olvidarlo.

Saber que los alemanes, un pueblo civilizado y normalmente amable, con respeto por la ilustración y el método científico, cuna de Bach y Beethoven, de Hesse y Mann, hayan dedicado tanto esfuerzo para perfeccionar una máquina de aniquilación de tal magnitud es desconcertante. Que esos terribles acontecimientos hayan tenido lugar hace tan poco lo hace aún más sorprendente. A veces suponemos que el mundo ha sido siempre como lo conocemos ahora, más o menos ordenado, con normas y acuerdos que pretenden salvar algo de nuestra dignidad y bienestar, e ignoramos, o se nos olvidan, las infamias que son capaces de perpetrar nuestros semejantes. Los ejemplos sobran: treinta años después del holocausto, en Cambodia (1975 - 1979), Pol Pot se dedicó a masacrar sistemáticamente a un millón y medio de personas; veinte años más tarde en Rwanda (1994), trituraron a medio millón de Tutsis, entre otras cosas, prefiriendo estampar a los bebés contra las paredes para ahorrarse los machetazos. Y así.

Es imposible no conmoverse al revisar esos momentos históricos. Siempre he pensado que es muy edificante, aunque no lo parezca, sumirse en los detalles que nos muestran las perversas honduras que pueden alcanzar los seres humanos, conocer el mal. Así, me parece, se puede valorar mejor la cotidianidad que en buena medida nos rodea. Cuando uno sabe que hay entre nosotros quienes dominan y aplican técnicas de tortura, o que matan por dinero, o que andan por ahí con navajas o armas dispuestos a usarlas; cuando uno sabe que cualquier chispa desata la furia y que el frágil acuerdo social pende siempre de un hilo, uno entiende que el orden, por precario que sea, se debe cuidar más, nos debe importar más.

Con la excusa de este triste aniversario, me atrevo a recomendarles que lean sobre los horrores de la guerra, de cualquier guerra. Que vean con detalle las fotos, los videos o los dibujos —los de Goya, por ejemplo— e intenten imaginarse el sufrimiento, el dolor y la pena. Luego entender que todo eso fue usualmente en balde, una estupidez que siempre se hubiese podido evitar, y que salvo excepciones, después de iniciar el enfrentamiento, sufrirlo y terminar de contar los muertos, todo vuelve a estar relativamente igual que antes.

moreno.slagter@yahoo.com

Fotografía tomada de https://www.unsplash.com

Publicado en El Heraldo el jueves 23 de enero de 2020 

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