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La informalidad

Un estudio conjunto de la Oficina Internacional del Trabajo y de la Organización Mundial del Comercio señalaba hace una década que un alto índice de informalidad laboral aumenta la desigualdad de los ingresos, disminuye el crecimiento medio del PIB y reduce el comercio internacional. El mismo documento observaba que en grandes economías informales también se limita la capacidad del gobierno para invertir en infraestructuras públicas, restringiendo así el crecimiento potencial de la productividad del sector privado. Los aspectos que he mencionado conforman una muestra mínima de las consecuencias que conlleva la práctica informal en el trabajo, pero aún así incluyen tres de los temas que más nos ocupan en los últimos tiempos, relacionados además con las violentas protestas que acosan nuestro continente: desigualdad de ingresos, inversión pública y productividad. Parece relevante, por lo tanto, prestarle atención a este asunto.

Según el DANE, en Colombia la informalidad laboral ha disminuido durante la presente década. Ese indicador pasó de constituir un 50.8% de los ocupados en el 2011 a un 45.7% en el último informe disponible (julio – septiembre 2019), una nada despreciable disminución de 5 puntos porcentuales (pp). La tendencia es sin duda favorable y no parece apoyar los discursos que proclaman que todo, absolutamente todo, va por mal camino. Incluso el último año ha mostrado una mejoría, disminuyendo 1.2pp. Buenas noticias en un mar de desesperanza.

Barranquilla y su área metropolitana tienen una dinámica diferente y vale la pena tratar de entenderla. Comparando el mismo período 2011 - 2019, a nivel local también ha disminuido la informalidad, aunque a un ritmo mucho menos elogioso. En el 2011 la informalidad llegaba al 57.3% mientras que en el 2019 bajó hasta 56.7%, la mejora no llega siquiera a un punto porcentual, lo que puede entenderse como un estancamiento. Sin embargo, lo más llamativo es lo que sucede frente a la media de las 13 ciudades más grandes del país. En el 2011 Estábamos 6.5pp por encima de esa media, para pasar en el 2019 a superarla en 11pp. Es decir, en lugar de acercarnos al promedio de las ciudades comparables, nos quedamos atrás y casi se duplica la diferencia. Navegamos en contra de la tendencia nacional.

Esto no parece ser coherente con el momento que vive nuestra ciudad. Tenemos una de las menores tasas de desempleo en Colombia (7.9% en septiembre de este año), pero no se ha logrado un nivel de formalización similar al de otras ciudades importantes. Lo anterior es en cierta medida decepcionante, dado que se esperaría que el clima de optimismo, orgullo y apoyo a las administraciones distritales se tradujeran en un crecimiento más armónico para todos, con mejoras tangibles para el bienestar individual y la prosperidad de los ciudadanos. Conviene revisar qué puede estar perpetuando este fenómeno.

Fotografía tomada de https://www.unsplash.com

Publicado en El Heraldo el jueves 14 de noviembre de 2019

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