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Trampas en los andenes

Cualquiera que haya tenido la oportunidad de caminar por nuestra ciudad, se habrá dado cuenta de la presencia de un sinfín de peligrosas trampas en los andenes. Me refiero a los huecos que quedan expuestos cuando se remueven las tapas de los registros de inspección de cualquier infraestructura urbana, usualmente debido a robos o ataques vandálicos, y cuya reposición, cuando sucede, suele tardar bastante. Se les puede ver por todos lados, casi nunca con algún dispositivo formal que prevenga al peatón y algunas veces exhibiendo artilugios precarios, ramas o palos o lo que sea, que algún ciudadano dispuso para tratar de evitar un accidente. Cerca de colegios, en zonas residenciales, en barrios prestantes o en los humildes, en cualquier lugar, nadie se escapa de esta riesgosa situación.

Hace una semana, mientras caminábamos por el Barrio Abajo, un colega que estaba señalándome un detalle en alguna fachada de interés, desapareció de mi vista en un segundo. Se había caído en un registro destapado. Luego de ese momento, superado el susto y algún raspón, nos dedicamos por unos pocos minutos a contar otros registros desprotegidos en el sector y encontramos más de diez.

El robo de las tapas de los registros de inspección no es un problema nuevo. Nuestras ciudades suelen ser entornos hostiles en los que algunos de sus habitantes, quiero pensar que una minoría, aprovechan cualquier situación para obtener réditos ilegales, sin detenerse a pensar en las consecuencias de sus acciones. Se roba o se destruye todo lo que se pueda, cables, luminarias, elementos de protección, canecas; el respeto es escaso y la impunidad notable. Habría que hacer un prolongado y sostenido esfuerzo para cambiar esa realidad, un problema multidimensional en el que concurren la mala educación, la necesidad de subsistir, el poco control cívico y la débil presencia policial, además de otras circunstancias cuya enumeración consumiría todo el espacio disponible que le resta a esta columna.

Mientras seguimos con la incansable tarea de lograr ciudades más amables, menos agresivas y más seguras, debemos buscar maneras de mitigar los daños y los riesgos. Existen en el mundo varias alternativas que disuaden a los ladrones de tapas, desde sofisticados seguros hasta materiales que reemplazan a los componentes metálicos, que constituyen el principal atractivo para quienes las hurtan. Sería muy positivo ver campañas en las que las empresas de servicios públicos fuesen poco a poco reemplazando las tapas de sus registros, implementando materiales compuestos, o instalando seguros y amarres que soporten hasta al más obstinado ladrón. La Secretaría de Tránsito y Seguridad Vial, dado que también se roban las tapas de las calzadas vehiculares, podría animarse a sugerir un plan de reposición a estas empresas, una iniciativa por la seguridad de todos.

Fotografía tomada de https://www.unsplash.com

Publicado en El Heraldo el jueves 27 de junio de 2019

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