Estudio de ancestría mapea diversidad genética de nuestra comunidad
Desarrollado por la División de Ciencias de la Salud en colaboración con Ciencias Básicas e Ingenierías, busca generar una base de datos genómica que, además de su valor académico, sirva como punto de partida para futuras investigaciones en medicina y salud pública.
En un salón de la Universidad del Norte, frente a gráficos y barras de datos, el profesor Rafik Neme, del Departamento de Química y Biología, socializa una historia que no está escrita en archivos sino en fragmentos de ADN de estudiantes y colaboradores de la institución. Se trata del estudio de ancestría y diversidad genética, iniciativa de la Rectoría que ha sido desarrollada desde 2025 por la División de Ciencias de la Salud, la cual tomó como punto de partida a su propia comunidad universitaria para explorar la composición genética y, con ella, construir una imagen más cercana de la diversidad biológica de la región Caribe colombiana.
La investigación, coliderada por el profesor Neme con el apoyo del grupo de Genómica y Biodiversidad de Uninorte, se desarrolló en varias fases. Primero, una convocatoria abierta reunió a 517 miembros de la comunidad universitaria. De ellos, 100 participantes avanzaron a la fase biológica: la toma de muestra de sangre, extracción y purificación del ADN a cargo de María Isabel Mosquera, docente del departamento de Medicina, se llevó a cabo en INTEMLAB (Centro de Investigaciones en Medicina Traslacional y Epidemiologia Molecular de Uninorte); y su posterior análisis en colaboración con la Universidad de Antioquia y servicios especializados de genotipificación, con el objetivo de estimar la proporción de ancestría de cada individuo.
“Este es un estudio exploratorio. No ha habido muchos que exploren la ancestría en Colombia, en el Caribe y sobre todo en Barranquilla. Nuestro propósito es justamente ese: empezar a ver qué hay y sentar una base para futuros estudios”, afirma el biólogo Neme, con estudios de posdoctorado en genómica evolutiva en el Instituto Max Planck de Biología Evolutiva y en Columbia University.
El análisis se realizó a partir de 21 marcadores genéticos o informativos de ancestría (AIMs en inglés), una fracción mínima frente a los cerca de 3000 millones de pares de bases que componen el genoma humano. En ese sentido, advierte el investigador, el estudio no buscó detectar enfermedades ni riesgos de salud. Solo identificar la composición genética en términos de los grandes grupos poblacionales africano, europeo y amerindio.
“Es una referencia”, enfatiza Neme. “Como si uno tomara una foto en un punto de la ciudad. Es valiosa, pero no es toda Barranquilla”.

“Este estudio se suma a los que se desarrollan en la universidad en el área de la genómica de las enfermedades infecciosas, crónicas no transmisibles, neurodegenerativas, y de la genómica evolutiva que buscan dar respuesta a problemas de salud pública de la región”. Pilar Garavito, decana de la División Ciencias de la Salud.
El principal hallazgo en el conjunto de participantes es que la ancestría europea aparece como predominante (58,2 %), seguida de la amerindia (32,4 %) y una contribución africana menor (9,3 %). Sin embargo, individualmente algunos individuos presentan una carga genética mayoritariamente amerindia o africana.
El análisis comparativo, además, añade otra capa. Al ubicar a los participantes en un espacio bidimensional de componentes principales —una herramienta estadística que permite visualizar similitudes genéticas—, la población estudiada se agrupa cerca de muestras de Medellín y Puerto Rico. Esta cercanía no implica identidad, pero sí afinidades históricas en los procesos de mestizaje en América Latina.
“Con estos genotipos podemos contrastar la muestra de Barranquilla con otras comunidades. Eso nos permite ubicarla en un contexto global y entender a qué poblaciones se parece más en términos genéticos”, explica el profesor investigador Jorge Vélez, del Departamento de Ingeniería industrial de Uninorte, y quien tiene un título de doctor en ciencias médicas con énfasis en genómica y medicina de precisión de la Australian National University.
“Como participante, me pareció un proyecto muy valioso porque permitió acercarnos a la investigación científica para comprender nuestra diversidad genética. Como egresada del Doctorado en Ciencias Biomédicas de Uninorte, considero que reafirmó el valor de la investigación científica colaborativa y el papel que tienen las universidades en la generación de conocimiento”, manifiesta la egresada María Isabel Mosquera.
La ancestría genética, insisten los investigadores, es una medida cuantificable del linaje biológico. Por eso en esta investigación el énfasis está en la comprensión científica de la estructura poblacional: cómo se ha configurado genéticamente una comunidad y qué nos dice eso sobre su historia. Con estos resultados los investigadores buscan construir una línea base que permita comprender la diversidad genética de la comunidad uninorteña como reflejo —parcial pero significativo— de la historia del Caribe colombiano.
“Conocer la diversidad genética de nuestra población, entender de dónde venimos, nos puede dar luces sobre cómo se comporta esta población frente a otras. Queremos aprender sobre la diversidad genética del Caribe colombiano, comenzando precisamente con nuestra comunidad universitaria”, concluye Vélez.
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