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Diseño desde la inclusión

Crear objetos que mejoren la calidad de vida individual y colectiva es uno de los propósitos de los diseñadores industriales, pero ¿qué pasa con la discapacidad? Garantizar la accesibilidad es una corriente que cada vez toma más fuerza y reta la creatividad profesional de los más ingeniosos.

El concepto de accesibilidad es reciente, surgió apenas a finales del siglo XX, luego de que diferentes movimientos sociales exigieran mayor calidad de vida para las personas con discapacidad. A lo largo de la historia, el ser humano ha perseguido insistentemente inventos que mejoren el bienestar, con objetos que suplan o faciliten actividades funcionales para el disfrute de la cotidianidad. Hay que decir que la mayoría de las veces han sido creaciones pensadas para el modelo mayoritario de un individuo, lo que significa que las minorías siempre resultaban perjudicadas; como los zurdos, que en las escuelas tenían que aprender, a la fuerza, a escribir con destreza su mano derecha, o los muy altos, que en países con promedios de estaturas bajos se deben sentir como gigantes.

Así habrá muchos casos, pero, sin duda, las personas con discapacidad siempre han llevado las de perder, pues pueden verse perjudicados en el acceso a las cosas más básicas de la vida, como moverse de un lugar a otro, ubicarse, tener independencia, usar el baño, y una cantidad de etcéteras. La arqueología nos demuestra que desde la Edad de Piedra ya se recurría al ingenio para hacer frente a la discapacidad; en el Antiguo Egipto, huellas y bajorrelieves de prótesis y bastones datan del 2000 AC; en Grecia se diseñaron las primeras camas con ruedas; y en China, en el 525 AC, ya se instalaban como complemento a las sillas.

Garantizar la accesibilidad siempre ha sido un reto. Aunque hemos llegado a un punto en el que parece un principio aceptado por todos, todavía falta mucho camino por andar para que sea un concepto verdaderamente universal.

Libardo Reyes , profesor de Diseño de Uninorte, incentiva a los futuros diseñadores industriales a crear objetos que dignifiquen y valoren con su uso a la población en condición de discapacidad (PCD), a través de su clase Taller 3: Factores Humanos. Desde 2017, el elige un segmento vulnerabale de la población para que sus alumnos de tercer semestre de Diseño Industrial examinen sus problemáticas y hallen soluciones. Se buscan diseños personalizados que respondan a las necesidades de las personas en condición de discapacidad, que, según el Dane, supera los tres millones de personas en Colombia, equivalente a más del 7 % del total de la población: cerca del 36,9 % de los ciudadanos tiene dificultad para mover el cuerpo; el 18,7 % no puede ver de lejos o a su alrededor; el 11,3 % tiene problemas para oír, y a un 10,9 % no le es fácil entender o tomar decisiones por sí mismo.

En este artículo presentamos algunos prototipos hechos para las fundaciones Centro de Neurorehabilitación y Aprendizaje (Funcenap) y CE Camilo, que trabajan con niños y jóvenes con discapacidad. Cada una de las propuestas de los estudiantes tiene un diseño y propósito específico que ayuda a mejorar los procesos de inclusión en la sociedad y son ejemplo de la responsabilidad social del diseñador industrial.

“La metodología de la clase apunta a la transformación de la percepción y el desarrollo académico de los estudiantes, desde la investigación y la transformación del ser. Pensar en este tipo de inclusión es tratar de observar y reconocer un mundo real cercano a la condición humana. Exponerlos a contextos reales, en torno al diseño incluyente, los aparta de una apreciación vaga de la disciplina, como es el diseño objetual de placeres mediáticos”, explica el profesor Reyes, magíster en diseño de experiencia de usuario.

La clave en la estrategia pedagógica, añade, está en que haya un espacio de asesorías para cada estudiante, promoviendo su creatividad y estimulando la confianza en su perspectiva de solución. Trabajar de la mano con la Fundación CE Camilo y Funcenap ha permitido a estos jóvenes reconocer necesidades que no solo se limitan a las personas con discapacidad, sino que trascienden a sus familiares, cuidadores, especialistas y a cada una de las personas que propenden por brindarles un espacio en la sociedad.

La continua búsqueda de mejorar las condiciones de vida de esta población y el esfuerzo de humanizar la tecnología desde el diseño industrial, permiten a los estudiantes generar oportunidades de inclusión social de las personas con discapacidad y facilitar los procesos de igualdad y no discriminación.

“La investigación evidenciada en el desarrollo de prototipos se convierte en un resultado de ‘poder hacer, poder servir’. Actividad que no solo beneficia a las PCD, sino es una fuente de transformación de la sociedad a través de las personas que se ven involucradas de este proceso”, concluye el docente Reyes, cuya clase próximamente creará nuevos productos para hogares geriátricos. Estas son algunos de las creaciones:

Rollstep
Para la estudiante Paula De la Torre, el diseñador debe ser una persona altamente sensible que busca la inclusión del usuario en cualquier ámbito de la sociedad, a partir de una adecuada interpretación de sus necesidades. Ella, junto a Valentina Morelo, diseñó Rollstep, un dispositivo adaptable a sillas de ruedas, útil para la recreación y estimulación psicomotriz de persona adulta en condición de discapacidad y su acompañante.

“Basamos el diseño en un joven adulto de 19 años, que tiene parálisis cerebral. Contaba con todos sus implementos, pero en busca de solucionar una necesidad encontramos que uno de sus mayores estimulantes era salir al parque y sentir la brisa. Lo ayudaba bastante con sus terapias”, explica Paula.

En ese sentido, Rollstep se encargó de crear un momento de esparcimiento entre acudiente y usuario, gracias a un sistema de pedal, adaptable a la parte trasera de una silla de ruedas. El cuidador maneja el vehículo y la persona con discapacidad se apropia de su entorno mediante el desarrollo de una actividad recreativa, al sentir la velocidad y la brisa.

Rollstep

Aquaticus
En CE Camilo, ubicada en el barrio La Paz (suroccidente de Barranquilla), niños de hasta 15 años que sufren parálisis cerebral tienen la posibilidad de recibir hidroterapia en piscina. Para llevar a cabo el procedimiento, que ayuda a la movilidad de las extremidades, la terapeuta carga en sus brazos al paciente para darle una ducha previa y luego caminar hasta la piscina, repitiendo el proceso una vez termine la fisioterapia.

Los estudiantes Roque Márceles Ibáñez y Alejandra Párraga diseñaron Aquaticus, un dispositivo que facilita la autonomía de las personas con discapacidad y el desarrollo de actividades de hidroterapia en piscina por parte del especialista. Basado en la experiencia de un paciente de 7 años, el sistema está conformado por un asiento impermeable con dos soportes. En un extremo tiene un manubrio y, en el otro, ruedas para un desplazamiento menos laborioso del paciente.

“Comenzamos a trabajar la investigación a través de videos, para ver cómo se hacían los ejercicios, pero cuando llegamos al lugar para ver cómo era el ejercicio de entrar a la piscina con la niña, todo cambió”, cuenta Alejandra.

Disponer de un sistema de apoyo para el desarrollo de actividades en piscina le brinda al especialista un mayor grado seguridad y confianza en el desempeño de su actividad, acción que repercute en la rehabilitación y disfrute de la PCD. Su aplicación contó con el apoyo de estudiantes de Medicina de la asignatura Tecnologías para la Salud, a cargo de los profesores Stephany Uribe y Pedro Villalba, quienes trabajaron en el reconocimiento de la patología e identificación de requerimientos para el logro de los objetivos. Así también, personal de la fundación les dio a los estudiantes directrices sobre el tipo de herramienta que necesitaban y cómo debía ser presentada a los usuarios.

“Ellos (niños) lo ven con la alegría de un juguete nuevo, pero al mismo tiempo es una ayuda para facilitar la terapia física. Los prototipos han generado un impacto en el personal, en los niños y los padres de familia”, puntualizó Ana Milena Rivadeneira, terapeuta de la fundación.

Roque Márceles y Alejandra Parra con su diseño, Aquaticus. Roque Márceles y Alejandra Parra con su diseño, Aquaticus.

AutoMe
Camila Duque y Elías Uribe diseñaron un sistema de propulsión manual para niños entre 5 y 10 años con parálisis espástica y diparesia, denominado AutoMe. Basaron su diseño en la experiencia de una niña de 9 años, cuya condición le inhibe mover las extremidades inferiores y extender sus brazos por completo.

“Estábamos pensando en hacer otra silla de ruedas que se pudiera adaptar a cualquier entorno, pero nos dimos cuenta de que ya había demasiadas que podían lograr ese objetivo. Preferimos hacer un dispositivo que se pudiera adaptar a cualquier silla de ruedas y le sirviera a todo tipo de persona”, manifiesta Elías.

El prototipo consta de dos brazos metálicos adaptables que se fijan a las ruedas de la silla y quedan a la altura del pecho, de tal forma que la propulsión se dé a través de un movimiento de remo y no con los brazos en los rines. Este movimiento simula el que recibe en las sesiones de terapia para ganar más flexibilidad en los codos. La niña tendrá un incentivo añadido, si quiere ir a más velocidad debe realizar con más fuerza y regularidad los movimientos propios de la fisioterapia.

Elías Uribe y Camila Duque instalando AutoMe en una silla de ruedas. Elías Uribe y Camila Duque instalando AutoMe en una silla de ruedas.

Por José Luis Rodríguez
Periodista
rodriguezjl@uninorte.edu.co

Pensar en este tipo de inclusión es tratar de observar y reconocer un mundo real cercano a la condición humana. Exponerlos a contextos reales, en torno al diseño incluyente, los aparta de una apreciación vaga de la disciplina, como es el diseño objetual de placeres mediáticos"

Libardo Reyes, profesor de Diseño.

Así es la metodología
La promoción de los estudiantes en tercer semestre hacia la investigación se aborda en cinco instancias metodológicas centradas en la evolución de sus procesos cognitivos. Los conocimientos adquiridos evolucionan mediante el desarrollo de modelos de comprobación y verificación que permiten sentar las bases para el desarrollo de nuevos productos en el campo de la salud y la discapacidad.

Fase 1. Empatizar y sentir
Conectar el interés de los estudiantes hacia el que hacer del diseño, desde la perspectiva de trabajar y sentirse útil. Los estudiantes se enfrentan a realidades en donde, con la ayuda de especialistas y voluntarios, tendrán la oportunidad de indagar y conocer las patologías, actividades fisioterapéuticas y proyectos de rehabilitación que se aplican en niños en condición de discapacidad.

Fase 2. Apropiar e investigar
Motivar la investigación desde la visión prospectiva de su actividad creadora, como generadora de resultados factibles para la promoción del desarrollo humano en un usuario de interés. El estudio de campo permite que los estudiantes reconozcan realidades a nivel de su estilo de vida, limitantes físicas y económicas, intereses y actividades cotidianas de los niños y sus familiares, cuidadores y especialistas, entre otros.

Fase 3. Integración y estructuración
Decidir desde actividades propias del Diseño Centrado en el Usuario, cuáles son los aspectos más relevantes para la intervención de su accionar desde el diseño. Reconocer cada una de las instancias sobre las cuáles se desempeñan y tiene lugar las diversas necesidades de fuente directa de los usuarios como son los niños, familiares, cuidadores, especialistas y los miembros de la fundación, facilita que los estudiantes identifiquen diversas estrategias, mecanismos y sistemas que se han venido implementando para tratar de solventar las necesidades presentes en su diario vivir.

Fase 4. Creatividad y diseño
Diseñar un dispositivo que promueva el desarrollo de la actividad identificada durante el proceso de investigación colaborativa, promovida por el quehacer del diseñador industrial. Comprender que la labor de diseño se gesta desde el abordaje de una investigación global y pormenorizada, en donde los diversos usuarios que interactúan con la PCD expondrán las diversas soluciones que desde su visión de la problemática han sabido solventar.

Fase 5. Evaluación y comprobación
Evaluar y comprobar el prototipo como resultado de la investigación obtenida en entornos reales para los cuáles fue diseñado. La investigación concluye en la configuración de un producto que puede ser evaluado y comprobado por cada uno de los usuarios involucrados con el desarrollo de las PCD. En esta etapa los usuarios disponen de los proyectos y los comprueban en casa para dar sus recomendaciones el semestre siguiente a un nuevo grupo de estudio, con el objeto de continuar con el proceso de investigación respectivo.

Mandi

Mandi
Estudiantes: Dariana Ortega y María Claudia Pombo
Necesidad: dispositivo para el desarrollo de hábitos saludables de postura y actividades de fisioterapia en niños de 1 a 3 años, con parálisis cerebral espástica severa nivel 5.
Solución: la falta de control motor de su cuerpo hace que el niño que presente esta discapacidad comience a desarrollar posturas inapropiadas. Mandi presenta un arnés que permite trasladar al niño de forma adecuada, por otra parte, su diseño facilita que el asiento pueda ajustarse a tres niveles de posición para aliviar las cargas del cuerpo. Este, a su vez, se puede retirar para ser utilizada como un cojín para el desarrollo de actividades fisioterapéuticas. Promover el desarrollo de posturas saludables y ejercicios facilitará el proceso de rehabilitación en el PCD.

Tomy

Tomy
Estudiantes: Karen Liceth Oñate y Jesús Manuel Barrios
Necesidad: dispositivo para promover la marcha a partir del gateo en sus diferentes etapas, incentivando el uso de las piernas para su fortalecimiento como impulsoras de movimiento.
Solución: pensar en un objeto de baja complejidad como un resultado de gran valor para la promoción de la marcha e independencia de un ser, da valor a la actividad de diseño como generadora de resultados factibles de ser replicables. La mejor manera de entrenarse es jugando.

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