Visor de contenido web Visor de contenido web

Investigador Senior Colciencias CvLAC

Póngase en contacto conmigo

Si desea que establezcamos comunicación, por favor escriba su nombre, correo electrónico y comentario y en breve le escribiré a su correo

Este campo es obligatorio.
Este campo es obligatorio.
Este campo es obligatorio.
Texto a identificar Refrescar CAPTCHA Refrescar CAPTCHA

Blogs Blogs

Atrás

Decir adiós a las armas es desarmar nuestras mentes

Una de las frases que se escucha por estos días cuando se trata de argumentar las ventajas del proceso de entrega de armas por parte de las Farc es que la paz se construye cuando en la política se cambian las armas por los votos o, en un sentido más profundo, las armas por las palabras.

En principio la idea de cambiar las armas por las palabras suena muy bien, pues de lo que se trata en el fondo es de que en el ámbito de lo político no existan mecanismos de presión asociados a la fuerza y a la violencia, como lo es el caso de las armas que se utilizan bien sea para atacar al Estado, en algunos casos a la población civil o, como ha sido rutinario en Colombia, para exterminar a líderes sociales o a movimientos políticos de oposición.

Sin embargo, el asunto es más complejo en un contexto en el cual uno podría entender el estar “armado”, mucho más allá de tener un fusil en la mano. 

Estar armado es también el mantener una actitud de permanente agresión y negación del otro, del que se asume como oponente, cuyos argumentos se consideran no solamente como no válidos, sino que no deberían existir como tales. En estos casos se espera imponer un solo punto de vista unánime, el propio, y para lograrlo se concibe incluso la eliminación del adversario, utilizando otros tipos de armas, como por ejemplo las mismas palabras.

Hace mucho tiempo le escuché decir a un joven de una pandilla que las armas no estaban en los objetos sino que estaban en la mente, que cuando se tiene la intención de agredir, cualquier objeto, así sea el más insignificante, se puede convertir en un arma.

A pesar de no tener fusiles en sus manos, existe una gran cantidad de población en nuestro país que se encuentra fuertemente armada, participando en una confrontación violenta, esta vez desde columnas de opinión o en los espacios de intercambio en los medios sociales, con sus opiniones a través de sus cuentas de Twitter o de Facebook, entre otras.

Para decir adiós a las armas en el ámbito de la política en nuestro país es necesario entonces desarmar las mentes, significa entender que el ejercicio de la política no radica en la descalificación de los argumentos del otro, ni en la eliminación del otro, utilizando por ejemplo la difamación, sino que está precisamente en la confrontación con argumentos.

Decir adiós a las armas requiere una revisión profunda de las propias intenciones, del tipo de emociones que nos suscita la confrontación, es sentir placer y orgullo de las ideas propias, de poder someterlas a juicio y no de la eliminación del oponente. Es darle la bienvenida a los argumentos y al debate, de tal forma que éstos llenen esos espacios de confrontación, que precisamente se tornan violentos justo en esos momentos en que las ideas y los argumentos se agotan y solo quedaron deseos y apetitos vengativos y triunfalistas que había que satisfacer a como diera lugar.

En fin, si no logramos desarmar las mentes, seguiremos usando como armas muchas de las cosas que tenemos a nuestro alcance y tal vez se requerirá entonces de una nueva negociación en cuya conclusión no veremos escenas con la ONU deshabilitando fusiles sino recibiendo claves para cerrar de una vez por todas las cuentas de Twitter y de Facebook que día a día usamos para mantener la guerra.

Columna publicada en La Silla Vacía.

Comentarios
No hay ningún comentario aún. Sea usted el primero.