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La línea de la vida

Llama la atención la recurrencia de noticias locales sobre hechos relacionados con accidentes laborales, algunos mortales, especialmente en el campo de la construcción.

Me puse a indagar en la prensa y el elevado número de accidentes y muertes laborales en el sector de la construcción ha sido una preocupación que aparece año a año a nivel nacional, es decir, este no es un asunto nuevo.

De hecho, según datos de Fasecolda, en el año 2015 el sector de la construcción tuvo la cuarta tasa de accidentalidad laboral más alta en Colombia (11.28%). Esto quiere decir que se accidentaron un poco más de 10, por cada 100 trabajadores afiliados.

Según la misma fuente, en el mismo año el sector de la construcción tuvo la cuarta tasa de mortalidad laboral más alta en Colombia (11.53). Esto es, durante el año pasado, murieron entre 11 y 12 por cada 100.000 trabajadores afiliados, de la construcción.

En Barranquilla, aunque la accidentalidad laboral fue más baja (8.48%), la mortalidad laboral fue más alta que el promedio del país (13.67).

En todo caso, las cifras distan de las metas que se tendrían a nivel nacional en materia accidentalidad y mortalidad laboral. Adicionalmente, se considera que en Colombia no todos los trabajadores de la construcción están afiliados al sistema de protección, por lo tanto es muy probable que exista sub-registro. Es decir, la situación podría ser peor.

Detrás de esta situación se ocultan dos aspectos que son bien importantes y que tienen que ver con nuestra cultura. Por un lado, los retos que aún subsisten en materia de seguridad industrial por parte de las empresas para garantizar la vida de los trabajadores y la prevención de los accidentes laborales. Por el otro, la forma como los trabajadores de nuestros contextos se relacionan con los elementos destinados para su seguridad. Es así que en muchas oportunidades se obvia el uso de materiales como cascos o guantes, bajo el argumento de que no son adecuados por las condiciones climáticas, por ejemplo.

Sin embargo, hay un elemento que se registra en estas noticias, que considero vale la pena destacar, y que hace que se diferencien las situaciones en las cuales los accidentes no fueron mortales: el uso de la denominada línea de la vida. En todos los casos en los cuales los obreros utilizaban esta cuerda de protección, el hecho no pasó más allá de un simple susto. Sin embargo, se ve cómo un obrero que durante el día ha estado protegido, al finalizar su labor regresa a la zona de riesgo a recoger un elemento olvidado, pero considera que por ser un solo momento el riesgo es menor que el esfuerzo que implica volver a instalarse y usar el cordel que garantizará su protección. Justo en ese momento ocurre el accidente y pierde la vida de manera absurda.

Pensándolo bien, la línea de la vida debe comenzar con fortalecer una cultura empresarial de la protección y la prevención en temas de aseguramiento y seguridad industrial. De hecho, la OIT recomienda que los planes que se diseñen se formulen con participación activa de los mismos trabajadores. Es clave también la generación de capacidades y condiciones para que los obreros tengan plena conciencia de la importancia de medidas de seguridad y prevención, lo cual, al tener un fuerte componente cultural, no es un asunto fácil, razón por la cual deben fundarse en estrategias de comunicación que desde cada ámbito local permitan construir el sentido propio de lo que significa la protección de la vida.

Columna publicada en El Heraldo.

 

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