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Manuel Eduardo Moreno Slagter

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ACERCA DE MÍ Arquitecto con estudios de maestría en medio ambiente y arquitectura bioclimática en la Universidad Politécnica de Madrid. Decano de la Escuela de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad del Norte. Defensor de la ciudad compacta y densa, y de las alternativas de transporte sostenible. Coleccionista de música.

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El cigarrillo digital

Hace ya casi seis meses desactivé mi cuenta de Twitter y desde hace más de diez años hice lo mismo con Facebook, así que salvo la necesidad casi obligada de estar pendiente de los mensajes de WhatsApp, he tenido mínimo contacto con el mundo de las redes sociales. Por supuesto, no ha pasado nada especialmente significativo. De pronto gané algo más de tiempo para ocuparme en otros asuntos, o para pasar el rato de formas diferentes, y efectivamente he tenido un poco más de tranquilidad. Sin embargo, lo más interesante ha sido darme cuenta de una obviedad, al menos en mi caso: aunque adictivas, las redes son mucho menos necesarias de lo que se cree.

Durante lo que va de octubre, en Estados Unidos y en Europa se viene debatiendo sobre las responsabilidades de Facebook y sus demás plataformas frente a las consecuencias derivadas de su uso. Frances Haugen, una informante que había trabajado en la compañía, reveló en un subcomité del senado norteamericano varios documentos que indicaban que sus directivos tenían conocimiento del daño que estaban causando. Se llamó la atención, por ejemplo, sobre diferentes estudios que comprobaron el deterioro causado a la autoestima de los adolescentes cuando eran usuarios de esos servicios. También fue mencionado, con sustento, que no había realmente una actitud decidida para controlar los discursos de odio o la desinformación, y se hicieron comentarios sobre las complicaciones reales que el uso de las plataformas estaba generando en la India, el país con más cuentas de Facebook del mundo. Se acapararon algunos titulares y supongo que muchas personas se sintieron ofendidas e indignadas, pero por ahora no ha pasado mayor cosa. Salvo el informe sobre las utilidades de Facebook: crecieron un 17% durante el tercer trimestre del año, para alcanzar la extraordinaria suma de 9 000 millones de dólares.

Esta situación guarda algunas similitudes con lo que sucedió con las industrias tabacaleras a mediados del siglo pasado, cuando poco a poco fue siendo evidente que los cigarrillos impactaban la salud de los consumidores. Al principio, los líderes de esa industria trataron de ignorar las advertencias e incluso contrataron sus propios estudios para matizar los datos. Aparecieron avisos publicitarios en los que se podían ver médicos fumando tranquilamente, indicando que la cosa no era tan grave como la pintaban. Sin embargo, tras varias décadas de acciones legales, finalmente hoy nadie duda de lo nocivos que son los cigarrillos y se han logrado controles importantes en cuanto a su publicidad y distribución. Fue necesaria la intervención de las autoridades gubernamentales de casi todos los países.redes so

El problema de Facebook es Facebook, afirma Siva Vaidhyanathan, un reconocido académico de la Universidad de Virginia, especialista en medios y ciudadanía. Las supuestas fallas de esas redes no lo son, eso es precisamente lo que estaban buscando, millones de personas conectadas e interactuando todo el tiempo bajo su intermediación. Eso es lo que querían, eso es lo que ha hecho billonarios a sus dueños. Como pasó con los cigarrillos, espero que pronto entendamos que el uso de las redes, por muy atractivo y seductor que sea, resulta generalmente dañino y desaconsejable.

Fotografía tomada de https://www.unsplash.com

Publicado en El Heraldo el jueves 28 de octubre de 2021