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EDICIÓN 002

LA MÚSICA A TRAVÉS DEL

BRAILLE

 

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Desde el departamento de Música se diseñó el Kit Navarro,
una herramienta para que niños y adultos con
discapacidad visual aprendan música a través de un
mecanismo innovador que emplea el sistema braille.

Por José Luis Rodríguez
Periodista
rodriguezjl@uninorte.edu.co

Todo comenzó hace cuatro años cuando la barranquillera Andrea Orozco Aldana fue admitida como estudiante en el pregrado de Música de la Universidad del Norte. Era un sueño que tenía desde los 13 años; desde entonces sabía que quería ser cantante. Pero mientras su talento vocal iba en crecimiento, su visión entró en un ciclo degenerativo, debido a una enfermedad llamada retinosis pigmentaria. El sueño empezaba a verse frustrado, pero persistió y su voluntad llevó a que el profesor Julián Navarro, director del programa, diseñara un modelo pedagógico para que ella continuara su formación.

Una de cada cuatro mil personas presenta la condición de Andrea. Se identifica por una degeneración progresiva de la retina, la estructura del ojo sensible a la luz, que con el tiempo pierde las principales células que la conforman: los conos y los bastones. El desenlace para Andrea, probablemente, es que se cierre su campo visual. El problema que enfrentaba para estudiar música no fue menor, pues no puede leer las partituras de las canciones; una obligación para cualquier músico de formación. Sin embargo, hoy Andrea está próxima a graduarse de la profesión tal como lo anheló cuando aún era una niña.

Lograrlo no fue una tarea sencilla. Para ella y sus profesores fue un reto idear las herramientas y la metodología adecuada para la enseñanza musical a personas con discapacidad visual. Julián Navarro confiesa que ha sido uno los procesos más arduos y enriquecedores en su vida docente.

En trabajo de prueba y error, el profesor encontró la forma de adecuar las clases de tal manera que cualquier estudiante con discapacidad visual pueda leer las melodías en braille. Creó un tablero imantado con 285 o 410 fichas metálicas que representan las notas musicales en este sistema de puntos. Con el mecanismo, al que denominó Kit Navarro, el estudiante con discapacidad visual puede escribir melodías en braille y ser mostradas en tinta. Las piezas están simbolizadas de las dos formas para que un profesor vidente y un estudiante con ceguera lo usen al tiempo.

El proceso para crear estas herramientas, que facilitan el aprendizaje musical, fue metódico y experimental. Al principio fue diseñada una tabla con fichas en un papel, después en cartón, mientras el profesor Navarro y Andrea aprendían braille.

“Explorar todas las posibilidades artísticas de esta población con la música es una recompensa muy grande. Aprender braille con mi estudiante fue dar con un lenguaje común, pero el objetivo era precisamente ese, una comunicación efectiva entre videntes y personas con discapacidad visual”, recalcó Navarro.

María Laura Ávila, estudiante de tercer semestre de Música, utiliza el sistema del profesor Julián Navarro para estudiar sus clases.

Ambos aceptaron el reto de aprender este sistema de lectura y escritura, en el que puntos sobre un papel se sienten en alto relieve y transmiten un mensaje. En este caso, aprendieron a tocar con las manos los silencios, los ritmos y las melodías.

“Esperamos que este proyecto llegue a las manos de muchos profesores que tengan la vocación de enseñar musicografía braille. Hemos tenido el respaldo de instituciones como la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE) y el Instituto Nacional para Ciegos (INCI)”, manifestó Navarro.

Para la ONCE, con sede en Madrid, cuando un niño o un adolescente con discapacidad visual participa en un aula de música es estimulado multisensorialmente para mejorar el desarrollo de todas sus capacidades físicas, desde la expresión hasta la coordinación corporal.

De acuerdo con expertos, la lectura de una pieza musical en braille permite que el estudiante pueda analizar sus secciones por separado, en lugar de copiar la ejecución de otro músico. Es común encontrar personas con discapacidad visual que han aprendido a tocar a través de la imitación del sonido de otra persona. Sin embargo, este tipo de aprendizaje —argumentan— no permite al estudiante acceder a las informaciones que el compositor juzgó necesarias para la comprensión más fiel posible de la obra.

Una puerta para otros

María Laura Ávila Baute es estudiante de tercer semestre de Música en Uninorte y su albinismo oculocutáneo también le dificulta la visión, a tal punto que bajo el sol le es imposible ver. La falta de pigmento en sus ojos reduce su agudeza visual, le produce estrabismo, movimientos involuntarios en la vista y una fuerte sensibilidad a brillos de luces o el resplandor.

Al empezar a estudiar se dio cuenta de que le costaba mucho leer las partituras a la velocidad que exigía una determinada canción, sin embargo, con la metodología de Navarro avanza cada día en su formación como profesional.

“Estaba nerviosa porque no sabía cómo iban a hacer con una persona con discapacidad visual. La Universidad del Norte me ha abierto esas puertas para decirme que no hay límites, no hay barreras, que para cualquier problema hay una solución. La mía, el Kit Navarro”, puntualizó la estudiante. Navarro espera que gracias a este desarrollo más estudiantes con discapacidad aprendan música, así que ha ofrecido su innovación a otros colegas interesados en usarla.

El Kit Navarro funciona con fichas que tienen las notas en braille y en tinta.

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