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El humor de Daniel Samper Ospina

Es innegable que Daniel Samper Ospina se ha constituido en uno de los humoristas políticos más influentes del momento en nuestro país. En principio, cautivando a un gran segmento del público a través de su  columna semanal y luego, mimetizándose de manera más amplia en un gran espacio juvenil al migrar a un formato audiovisual de redes sociales como un Youtuber de 40.

Amado y odiado, se ha erigido como un referente cuando se trata de tener una visión del escenario político colombiano, esta vez no desde el formato tradicional de las noticias, sino a partir de su humor cargado de ironías y sarcasmos.

Al tiempo que cada una de sus columnas y videos son leías, vistos y retuiteados por muchas de las personas que semana a semana le siguen incondicionalmente, del otro lado, las “víctimas” de sus escaladas humoristas vociferan y mueven también a sus hordas de seguidores a reaccionar en su contra, llegando inclusive a proferirle calumnias y amenazas.

En todo caso, la emergencia de la risa siempre ha causado escozor a los escenarios de poder. Basta recordar como en la clásica novela de Humberto Eco: “El nombre de la rosa”, fueron sistemáticamente asesinados aquellos quienes pretendían traducir y a traer a la luz el considerado desaparecido segundo libro de la Poética de Aristóteles, dedicado a la comedia, en el cual se suponía el autor defendía al humor y la risa como posibilidades de cuestionamiento de las verdades del establecimiento consideradas como inmutables.

Debo confesar que a pesar de ser un asiduo seguidor de sus entregas, tanto escritas como audiovisuales, el humor de Samper Ospina me genera dos tipos de sensaciones encontradas dependiendo de la fuente a la cual recurra para generar la risa y la hilaridad en cada momento.

Me parece muy acertado cuando utiliza con maestría la ironía para el cuestionamiento del exceso y los abusos del poder. En particular considero que el humor que logra poner en cuestión, develando las distintas formas como se perpetúan las hegemonías, requiere no solo genialidad sino también de valentía. Grata herencia tenemos de humoristas que nos han hecho reír de “nuestras propias desgracias”,  como es el caso de Jaime Garzón y de uno de sus personajes: Heriberto de la Calle.

Sin embargo, hay un humor de Samper Ospina que me genera también resistencias.  Son aquellos momentos en que aparecen ciertas formas de sarcasmo, donde el dispositivo que lleva a la risa está más centrado en la ridiculización, la humillación o el insulto. Esta es la suerte de humor que se centra en la debilidad, en el lugar común de la norma de exclusión social, bien sea por la condición de pobreza, género, orientación sexual o discapacidad. Este tipo de humor no requiere inteligencia ni valentía y no se diferencia para nada de los chistes cotidianos que simplemente legitiman la misoginia, la homofobia o la segregación.

Los seres humanos somos complejos y tenemos diferentes aristas. Celebro al Daniel Samper Ospina que con su humor nos devela lo absurdos que podemos ser en nuestras complicidades con ese poder que nos manipula hacia sus intereses; pero me distancio en esos momentos en que simplemente legitima esa cultura excluyente que precisamente es la base del poder que nos controla.

Columna publicada en la Revista En Contacto, No. 21 Pág. 40.

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