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Hacia una educación terciaria de calidad

Por: Jorge Valencia Cobo
Coordinador del OECC
javalenciac@uninorte.edu.co

La transición desde la escuela hacia los estudios superiores o hacia el mundo del trabajo, es un momento fundamental para los adolescentes y jóvenes de cara a la construcción de un plan de vida; es uno de los momentos más importantes, es un proceso social que implica la emancipación en términos económicos y familiares, una etapa de la vida que supone la superación de las pautas de la niñez en favor de adquirir roles adultos como el trabajo, familia propia y reconocimiento social. Las decisiones que se toman durante esta etapa suelen ser el punto de partida para el tránsito hacia la adultez.

Estas decisiones dependen de forma directa de las elecciones individuales, sin embargo se encuentran influenciadas por las limitaciones y las oportunidades sociales, por tanto las trayectorias de vida que se derivan de ellas están condicionadas “por las elecciones y decisiones del individuo, pero bajo determinaciones familiares o del entorno próximo, determinaciones estructurales del contexto amplio y determinaciones de orden cultural y simbólico”[1]. Los jóvenes buscan avanzar en la construcción de un proyecto de vida posible considerando sus intereses y habilidades, así como la relación costo-beneficio de las posibles trayectorias a las que se enfrentan, la cual a su vez se relaciona con los ingresos de la familia, los costos de la formación y los beneficios esperados[2].

El tipo de decisión antes descrita implica un equilibrio entre el auto-conocimiento, el acceso a información sobre las oportunidades de estudio y la comprensión sobre las dinámicas del mercado de trabajo. Sin embargo, la realidad social colombiana dota a variables exógenas de una especial importancia en el proceso de tránsito desde la escuela hacia la educación terciaria y el mercado de trabajo. Los jóvenes colombianos de menor estrato socioeconómico tienen menor probabilidad “de permanecer en el sistema educativo y, por consiguiente, de obtener mayor formación y capacitación para acceder a un empleo de calidad”[3]. Así mismo, se ha identificado que los jóvenes menores de 25 años que egresan de la secundaria y buscan integrarse en el mercado laboral se encuentran en mayor desventaja; su inserción laboral se caracteriza por la rotación en trabajos menos calificados y contrataciones más inestables[4].

Considerando estas características del país, la importancia de la etapa de tránsito y el carácter complejo de la elección de una trayectoria educativa y laboral, resulta muy importante que las instituciones y entidades que intervienen en esta etapa de transición, promuevan el acceso y aprovechamiento de información útil sobre la estructura del sistema educativo, los sistemas de becas, intercambios, créditos educativos y subsidios y la normatividad relacionada; y desde la política pública, promover la igualdad en las oportunidades de acceso a una educación terciaria de calidad.

Para tal fin es necesario garantizar los mecanismos de acceso a los programas de educación terciaria a buena parte de la sociedad colombiana, en especial aquella caracterizada por el bajo nivel de ingreso familiar, por lo que la apertura y flexibilización de las condiciones para optar a becas o créditos condonables, total o parcialmente, resultan parte de las acciones a ser tenidas en cuenta. En 2017 solo un 26% de los matriculados en educación superior contó con un préstamo de ICETEX y los beneficiarios del programa Ser Pilo Paga representaban menos de 2% de la matrícula total en pregrado. De acuerdo con estas cifras, una gran proporción de los estudiantes de bajos recursos sigue sin estar en capacidad de asumir los costos educativos, sumado a un contexto de cupos restringidos en la educación pública.

Por otro lado, se debe considerar que no solo basta con promover mecanismos de ingreso a la educación terciaria, debe discutirse la calidad de la formación impartida en este nivel. Se requiere que las instituciones de educación terciaria den mayores garantías en cuanto a las condiciones de calidad de sus programas, lo cual implica una revisión exhaustiva de los planes de estudio actualmente vigentes, con el fin de que la oferta existente satisfaga las necesidades del sistema social y productivo en las diferentes regiones de Colombia. El acceso a la educación superior no logrará su mayor potencial de impacto si no se acompaña con acciones tendientes a garantizar que la formación que se imparte tenga altos estándares de calidad y esté alineada con las oportunidades de crecimiento económico y la mejora del bienestar social que brinda el contexto socioeconómico actual.


[1] Casal, J. García M., Merino R. & Quesada M. (2006) Itinerarios y Trayectorias, Una perspectiva de la transición de la escuela al trabajo, En: Revista Trayectorias año VIII, No. 22, Septiembre – Diciembre Página 29.
[2] Tenjo, J. (2004). Educación y movilidad social en Colombia (No. 002408). UNIVERSIDAD JAVERIANA-BOGOTÁ.
[3] Gómez, C., & Manuel, V. (2006). La cultura para el trabajo en la educación media en Bogotá. APSIS GRUPO EDITORIAL.
[4] Caillods, F. (2004). Educación secundaria y formación para el trabajo en Europa. Educar para qué trabajo, 311-324.

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