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Sobre la formación en artes y humanidades en las escuelas colombianas

Por: Jorge Valencia Cobo
Coordinador
javalenciac@uninorte.edu.co

El conocimiento y la lógica no son suficientes para que los ciudadanos se relacionen de forma adecuada con el mundo que los rodea, se requiere desarrollar la capacidad de pensar como seria estar en el lugar de otra persona, de interpretar con inteligencia su historia, de entender sus sentimientos, deseos y expectativas; siendo las artes y humanidades un medio por el cual se pueden potenciar estas capacidades, desde los distintos ámbitos de progreso del individuo durante todas las etapas de su vida; de tal forma que se desarrollen funcionamientos sociales complejos como la autodignidad y la integración (Nussbaum & Sen, 1996).

De igual manera, la formación en artes y humanidades puede impactar de forma positiva el crecimiento económico con base en su potencial para desarrollar algunas  habilidades necesarias para la generación de innovación; como por ejemplo, el pensamiento crítico y  la creatividad. Para generar innovación “hace falta contar con una mente flexible, abierta y creativa, capacidades que pueden inculcarse a través de la literatura y las artes” (Nussbaum, 2012 p.151). En consecuencia, aún en un escenario social en donde el propósito fundamental de la educación fuese el crecimiento económico, debería apostarse por una estructura curricular que sitúe a las artes y la literatura en un rol protagónico.

En este punto surge el interrogante sobre la importancia dada a la educación en artes y humanidades en el sistema educativo colombiano. La Ley 115 de 1994 (Ley general de la educación) señala la obligación de impartir educación artística en los niveles de básica y media, se intuye entonces la existencia de un reconocimiento en la normativa colombiana de los grandes beneficios que genera la integración de las artes y humanidades en los currículos de las instituciones en todos los niveles de educación formal; sin embargo, en Colombia se cuenta con poca información relacionada con la forma como se está impartiendo la educación artística y humanística en las instituciones educativas públicas o privadas (asignatura, proyecto pedagógico, enfoque de formación, etc.).

Asimismo, el directorio de establecimientos educativos del Ministerio de Educación Nacional de 2018 registra un total de 65 (de un total de 19.732 establecimientos activos) establecimientos de Educación Básica y Media (33 oficiales y 32 privados) que se especializan en el desarrollo del talento en artes y/o letras en Colombia, en contraposición a la gran cantidad de escuelas con énfasis académico y el aumento de programas de articulación de la Media con la formación técnico laboral experimentado en la última década. Lo anterior, sumado al a la baja proporción de docentes (comparando con los de otras áreas), dedicados exclusivamente a la formación en artes y humanidades, la disminución de la cantidad de los mismos y de la intensidad horaria destinada a la educación artística, indican que en el país la educación de estos no tiene una vocación en estas áreas.

Se intuye de esta situación que la estructura curricular que domina las instituciones educativas de nuestro país se orienta por concepciones distorsionadas de los conceptos de capital humano y competitividad reduciendo la formación en artes y humanidades a su mínima expresión dentro de los programas de estudio y por ende descuidando el desarrollo del pensamiento crítico, la creatividad, la empatía y la capacidad de ver al mundo a través del otro.

Lo anterior nos invita tal como lo hace la filósofa Martha Nussbaum a repensar el ethos de nuestras escuelas, a repensar la práctica pedagógica desde un mundo que gira en torno a la reflexión, la imaginación y la lúdica.

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