Afrocolombianos somos todos. Autoreconocimiento

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un 21 de mayo de 1851, el presidente José Hilario López firmó la abolición de la esclavitud en Colombia y desde el 2001, celebramos durante ese día la diversidad racial y la libertad de ser quienes somos, afrocolombianos.

Recuerdo en el colegio cuando a una de mis compañeras le decían “Ay esa negra es fea, mírale esa nariz ñata”, yo no entendía porque mi mamá es blanca y ñata pero mi papá es negro y con nariz fileña. Después de muchos años entendí que no era por ñata que se lo decían, era por negra y de ahí comencé a interiorizar sobre el racismo y cómo de alguna manera todos somos una mezcla.

Investigando hice un viaje al pasado y recordé la época en la que los negros fueron traídos de África en condiciones inhumanas para hacer trabajo forzoso y ser esclavizados en este mismo territorio que hoy conocemos como Colombia, porque fue esa misma historia la que marcó a la comunidad negra, a sus rasgos y a su belleza, como algo negativo.

Por eso es tan importante el 21 de mayo, ya que es un día en el que se recuerda el fin de un pasado adverso y el nacimiento de una redención de la cual todos deberíamos hacer parte, ya que provenimos de tantos lugares, de un mestizaje global, que al fin y al cabo nos hacen el país pluriétnico que dice la constitución.

Hace tres años hago parte Makeda Kahina, un grupo estudiantil de la Universidad del Norte que promueve el respeto, el valor por la diversidad étnica y donde constantemente me hacen la misma pregunta ¿tengo que ser negro o tener afro para ser parte del grupo?, y la respuesta es no.

El DANE, en su censo de 2005, tomó como criterio de identificación de la población étnica la siguiente descripción: Autorreconocimiento cultural (costumbres y tradiciones) o por los rasgos físicos. Pertenecía a indígenas, Rom, raizales del Archipiélago de San Andrés, palenqueros de San Basilio, y afrocolombianos, negros, mulatos o afrodescendientes. (Visibilidad estadística étnicos, 2005)

Cabe anotar, que vivimos en una ciudad donde durante el carnaval se disfruta abiertamente de ritmos africanos que han sido apropiados, a tal punto que no se puede hablar del Carnaval de Barranquilla sino se habla de un pick up sonando con champeta africana.

Hoy a pesar de que sé que mi compañera está bien, siento que su pelo planchado y su nariz operada, pudieron haber sido víctimas de discriminación racial. Dile no al racismo, celebra nuestra diversidad, descúbrete, y como suele decir Francis Tejedor, miembro de Makeda Kahina, no se trata de haber nacido en África, sino de saber cuánto de África vive en nosotros.

Por: Angie Zúñiga. Presidenta grupo estudiantil Makeda Kahina.

Atención a la Diversidad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La diversidad es inherente al ser humano, está presente en nuestros trabajos, casas y espacios de aprendizaje, entonces si nos enriquecemos diariamente de ella ¿por qué es tan desconocida? Como ciudadanos y profesionales, estamos en una continua lucha por el reconocimiento de este concepto dentro de los distintos ámbitos en los que participamos.

En la educación, se reconoce desde la atención a la diversidad, una práctica que busca responder adecuadamente, a todas las diferentes capacidades y necesidades que se encuentran entre los estudiantes. Así mismo, busca que desde el reconocimiento de las diferencias entre cada individuo se pueda comprender que lo que es apto para personas con determinadas características también beneficia a aquellos con otras.

¿Por qué es importante entender esta práctica?, porque para que sus acciones sean efectivas se necesita la participación de todos, situándonos en una perspectiva de cambio. Atender a la diversidad es extender ese concepto de normalidad que tenemos actualmente y crear una cultura de aceptación.

Es necesario entender que integrar no es lo mismo que atender a la diversidad. Erróneamente se cree que, al eliminar barreras arquitectónicas o al admitir personas con discapacidad en el aula, ya se está reconociendo la diversidad. Pero la realidad nos muestra que estar físicamente en el mismo lugar que los demás no necesariamente garantiza el aprendizaje, ni que las necesidades del estudiante sean resueltas. Para que se dé realmente un cambio hacia una cultura inclusiva, la práctica educativa debe adaptarse a las características personales y necesidades de los alumnos, lo que conlleva no sólo a modificaciones de infraestructura sino también a modificaciones en las estructuras organizativas de las instituciones, en las actitudes, en el papel de cada persona del equipo, en las programaciones y contenidos, en las actuaciones en el aula y en general en la adecuación de todos los recursos que sean necesarios para hacer posible esta transformación.

El reto es que las instituciones educativas evolucionen a un sistema abierto y que esta perspectiva inclusiva garantice igualdad de oportunidades de desarrollo para todos los individuos de nuestra sociedad.

Finalmente, la idea de atender oportunamente la diversidad, significa potenciar un aprendizaje no segregador y lograr que la acción pedagógica de nuestro sistema educativo llegue a todas las personas. Lo que nos exige tanto a los ciudadanos como a los profesionales e instituciones, un constante progreso y un trabajo riguroso, pero de gran trascendencia.

Por: Melissa Del Toro. Psicóloga – Universidad del Norte (2015), Barranquilla, Colombia. Master en Atención a la Diversidad y Apoyos Educativos (2018) Universidad de Alcalá – Madrid, España.

Uninorte es lo que soy ahora

Hoy hace exactamente tres años entré a Uninorte. Describir estos maravillosos tres años es una larga historia que contaré en este escrito dirigido a ustedes.

Llegué con un poco de inseguridad, no puedo negarlo, sentí miedo. Miedo a no encontrar el camino que me condujera a un gran futuro. Sin embargo, la Universidad del Norte ha superado mis expectativas.

Como cada semestre, llegan nuevos líderes que quieren transformar nuestro país, de personas exitosas que quieren innovar y emprender. La elección que hicieron es la correcta, sin duda alguna, no se arrepentirán.

Uninorte es mi hogar, mi familia, el espacio donde siento que soy yo misma, mi confianza, MI LUGAR. No niego que ha sido un camino de muchos sacrificios, pero afortunadamente he conocido personas que tienen la misma filosofía de vida que yo.

En Uninorte encontré a Uninorte Incluyente, la oportunidad para creer en las individualidades, para admirar las diferencias y sobretodo respetarnos como seres humanos que somos.

Siempre hay un espacio donde nuestro cuerpo, mente y alma viajan y se transportan hacia la verdadera paz. Eso es Uninorte Incluyente para mí. Cuando pienso en inclusión, se vienen a mi mente todas y cada una de las personas que no tienen la oportunidad de estar aquí y por ello quiero trabajar arduamente.

En Uninorte encontrarán amigos para toda la vida y profesores que entregarán cada uno de sus esfuerzos para formarlos en el futuro que se avecina. Este campus es arte, aprendizaje, unión, salud y acompañamiento. Es la oportunidad para encontrar, además de la carrera, pasiones que despiertan en ti habilidades que desconocías. Explotamos las capacidades, el ingenio y las llamadas habilidades blandas y es también la prueba de que cada persona que esté llena de sueños, las convierte en realidad.

De ahora en adelante, aprovechen cada segundo de este corto camino, porque aunque se vea largo es corto el tiempo para vivir a Uninorte. La meta es una, cómo construyen el camino depende de ustedes.

Gracias a Uninorte soy una mejor persona, me sigo formando como una profesional integral y segura de que cada año serán 365 días de nuevos aprendizajes y retos. El camino nunca acaba, siempre hay una meta nueva que emprender. Hay que regar nuestras siembras cada día, porque la cosecha siempre será un buen fruto.

Ahh y los invito a hacer parte de Uninorte Incluyente, les aseguró que será una experiencia que transformará sus vidas, como lo hizo conmigo.

Por: Rosa Ruiz. Vicepresidenta grupo estudiantil Uninorte Incluyente y estudiante de comunicación social y periodismo.  

Los sueños no son utopía

Desde que nacemos venimos a la tierra con el reto de enfrentarnos a un mundo lleno de oportunidades y dificultades. Desde que sentimos el calor de nuestra madre comienza nuestro desafío, y en nosotros está la decisión de afrontarlo con hidalguía y firmeza. En principio observamos el panorama tranquilo, pero con el pasar del tiempo nos damos cuenta de todos los obstáculos que hay que vencer.

Generalmente los seres humanos estamos buscando algún elemento que nos pueda victimizar y lograr que todo lo obtengamos sea de la forma más fácil posible. En primera instancia, decimos que tenemos discapacidad visual, física, cognitiva o auditiva y argumentamos que esta condición no nos permite tener una visión clara de todo lo que sucede en el mundo. Como segundo pretexto, inventamos que nacimos en una familia de bajos recursos y por lo tanto no tenemos las condiciones económicas para seguir avanzando con los objetivos trazados. Además, afirmamos con tono descarado que la situación en el mundo no se presta para soñar.  

Cada vez que pienso en lo antes descrito, llego a la conclusión de que este fenómeno se da debido a la debilidad mental que existe en cada uno de nosotros, y entonces me pregunto, ¿Qué tuvieron que hacer Beethoven, Thomas Edison, Nicolás Copérnico, Albert Einstein, Galileo Galilei, Leonardo da Vinci, Roberto Gómez Bolaños o Lionel Messi, para cumplir aquello que soñaban?

La respuesta a mi interrogante es muy sencilla, simplemente tuvieron aspiraciones desde su infancia y sin importar discapacidad, hambre, falta de apoyo o comentarios negativos hicieron caso omiso a los obstáculos y se sobrepusieron a las situaciones que quisieron truncar sus sueños. Si tenemos alguna discapacidad o no, todos gozamos del maravilloso derecho de soñar y nada impide que podamos llevar a cabo las metas que nos hemos propuesto.

Como primer punto clave debemos tener en cuenta con claridad y seguridad hacia dónde queremos ir. En segundo lugar, debemos convencernos a nosotros mismos que realmente nada es imposible, nada será fácil, ni regalado, pero finalmente la recompensa a nuestras lágrimas y esfuerzos llegará.

Hace 20 años fui concebido en Barranquilla y la familia González Cruz decidió asumir el reto de criar a una persona con discapacidad visual. Mi madre me cuenta que yo nací a los seis meses de embarazo, por lo que debieron meterme en una incubadora donde permanecí durante tres meses y luego fui dado de alta. En principio el parte médico fue alentador para mi familia, pero luego fueron notando cosas extrañas en mi manera de actuar. Mis padres afirman que yo no era como los otros bebés, pues no reaccionaba a ninguna clase de estímulo visual que existiera alrededor de los lugares en los que me encontraba. Por consiguiente, afanosamente buscaron una explicación a la situación que en ese entonces yo vivía.

Después de tantas visitas a médicos particulares me diagnosticaron retinopatía, es decir, desprendimiento de retina. Esta noticia cayó como balde de agua fría a mis padres, sin embargo, en una corte encabezada por mi abuelo, toda la familia decidió involucrarse en el proceso de desarrollo y de inclusión que yo iba a tener ante la sociedad.

Comencé a asistir a instituciones educativas para buscar el fortalecimiento de todos los conocimientos y habilidades, y aunque en muchas no fui aceptado, después de tocar tantas puertas me recibieron en un colegio, donde pude finalizar de manera exitosa la primaria y secundaria para avanzar a la educación superior.

A lo largo de mi vida tuve baja autoestima y les confieso que fue una situación bastante complicada, pero en este proceso Dios y la vida me enseñaron que siempre habrán personas que estén dispuestas a ofrecer ayudas y no siempre hay gente mal intencionada. Un día gracias a palabras de amigos y familiares decidí enfrentarme a la vida con disposición. Desde ese gran día no me he cansado de soñar y tocar puertas.

Mi sueño es ser un gran comentarista deportivo y sé que para lograrlo debo prepararme, por eso, aún cuando mis padres no tenían para pagar la Universidad decidí arriesgarme, y hoy puedo decir que este año ha sido de grandes bendiciones, pues ingresé a la Universidad del Norte becado por la empresa Tecnoglass a estudiar comunicación social y periodismo, y este mismo año saqué mi visa y por primera vez me monté en un avión y viajé a Bogotá y Estados Unidos, donde asistí becado por el Programa Uninorte Incluyente a un campamento de verano para personas con discapacidad visual en New York.

 Así que mi consejo es que nunca se den por vencidos, omitan la incredulidad de la gente, que ningún objetivo es inalcanzable.

Por: Jesús González, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de Uninorte.

Inclusión selectiva

 

 

 

 

 

 

 

 

He observado ciertas situaciones que pueden englobarse con el término “inclusión selectiva”, suena extraño ¿o no?, ¿cómo puedo ser incluyente de forma selectiva?, pues cuando en nombre de la inclusión doy un trato extraordinario a una persona con discapacidad, la línea entre la inclusión selectiva y el trato preferencial que merecen en determinados momentos las personas con discapacidad (PcD) puede ser un poco difusa. De hecho esto es precisamente lo que busco, abrir un debate sobre dónde termina una o comienza la otra.

Puede que una persona con discapacidad física sienta dolor o molestias al estar mucho tiempo de pie, por eso hacer una fila extensa puede resultar bastante engorroso e incluso producirles fatiga. Es entendible que ante esta situación cedamos nuestro puesto. Sin embargo, ¿qué impide a alguien con discapacidad auditiva realizar la fila a la par de una persona sin discapacidad?

Como este, puede haber otros ejemplos. No obstante, considero que la mayoría de los casos son una extensión del sentimiento de lástima que se asocia con la discapacidad, siendo este un prejuicio que debemos erradicar. Por lastima podemos tener cierto favoritismo y una PcD podría aceptar o buscar este trato extraordinario.

Algún día la discapacidad será vista como algo cotidiano, entenderemos que simplemente es una capacidad diferente de hacer las mismas cosas y no tendrá ese sensacionalismo que tiene hoy. Cuando ese día llegue quizá no será necesario hablar de discapacidad; pero mientras tanto debemos pararnos a pensar ¿estoy dando un trato igualitario ó acaso mi inclusión es selectiva?

Con esa reflexión me despido, no sin antes invitarlos a todos a participar de este espacio, aún queda mucha tela por cortar, varios prejuicios por derribar, entre ellos la diferencia entre incluir e integrar; entre excluir y segregar. Ojalá lo investiguen.

Por: Daniel Q. Guardias, estudiante de Medicina.

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