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Los sueños no son utopía

Desde que nacemos venimos a la tierra con el reto de enfrentarnos a un mundo lleno de oportunidades y dificultades. Desde que sentimos el calor de nuestra madre comienza nuestro desafío, y en nosotros está la decisión de afrontarlo con hidalguía y firmeza. En principio observamos el panorama tranquilo, pero con el pasar del tiempo nos damos cuenta de todos los obstáculos que hay que vencer.

Generalmente los seres humanos estamos buscando algún elemento que nos pueda victimizar y lograr que todo lo obtengamos sea de la forma más fácil posible. En primera instancia, decimos que tenemos discapacidad visual, física, cognitiva o auditiva y argumentamos que esta condición no nos permite tener una visión clara de todo lo que sucede en el mundo. Como segundo pretexto, inventamos que nacimos en una familia de bajos recursos y por lo tanto no tenemos las condiciones económicas para seguir avanzando con los objetivos trazados. Además, afirmamos con tono descarado que la situación en el mundo no se presta para soñar.  

Cada vez que pienso en lo antes descrito, llego a la conclusión de que este fenómeno se da debido a la debilidad mental que existe en cada uno de nosotros, y entonces me pregunto, ¿Qué tuvieron que hacer Beethoven, Thomas Edison, Nicolás Copérnico, Albert Einstein, Galileo Galilei, Leonardo da Vinci, Roberto Gómez Bolaños o Lionel Messi, para cumplir aquello que soñaban?

La respuesta a mi interrogante es muy sencilla, simplemente tuvieron aspiraciones desde su infancia y sin importar discapacidad, hambre, falta de apoyo o comentarios negativos hicieron caso omiso a los obstáculos y se sobrepusieron a las situaciones que quisieron truncar sus sueños. Si tenemos alguna discapacidad o no, todos gozamos del maravilloso derecho de soñar y nada impide que podamos llevar a cabo las metas que nos hemos propuesto.

Como primer punto clave debemos tener en cuenta con claridad y seguridad hacia dónde queremos ir. En segundo lugar, debemos convencernos a nosotros mismos que realmente nada es imposible, nada será fácil, ni regalado, pero finalmente la recompensa a nuestras lágrimas y esfuerzos llegará.

Hace 20 años fui concebido en Barranquilla y la familia González Cruz decidió asumir el reto de criar a una persona con discapacidad visual. Mi madre me cuenta que yo nací a los seis meses de embarazo, por lo que debieron meterme en una incubadora donde permanecí durante tres meses y luego fui dado de alta. En principio el parte médico fue alentador para mi familia, pero luego fueron notando cosas extrañas en mi manera de actuar. Mis padres afirman que yo no era como los otros bebés, pues no reaccionaba a ninguna clase de estímulo visual que existiera alrededor de los lugares en los que me encontraba. Por consiguiente, afanosamente buscaron una explicación a la situación que en ese entonces yo vivía.

Después de tantas visitas a médicos particulares me diagnosticaron retinopatía, es decir, desprendimiento de retina. Esta noticia cayó como balde de agua fría a mis padres, sin embargo, en una corte encabezada por mi abuelo, toda la familia decidió involucrarse en el proceso de desarrollo y de inclusión que yo iba a tener ante la sociedad.

Comencé a asistir a instituciones educativas para buscar el fortalecimiento de todos los conocimientos y habilidades, y aunque en muchas no fui aceptado, después de tocar tantas puertas me recibieron en un colegio, donde pude finalizar de manera exitosa la primaria y secundaria para avanzar a la educación superior.

A lo largo de mi vida tuve baja autoestima y les confieso que fue una situación bastante complicada, pero en este proceso Dios y la vida me enseñaron que siempre habrán personas que estén dispuestas a ofrecer ayudas y no siempre hay gente mal intencionada. Un día gracias a palabras de amigos y familiares decidí enfrentarme a la vida con disposición. Desde ese gran día no me he cansado de soñar y tocar puertas.

Mi sueño es ser un gran comentarista deportivo y sé que para lograrlo debo prepararme, por eso, aún cuando mis padres no tenían para pagar la Universidad decidí arriesgarme, y hoy puedo decir que este año ha sido de grandes bendiciones, pues ingresé a la Universidad del Norte becado por la empresa Tecnoglass a estudiar comunicación social y periodismo, y este mismo año saqué mi visa y por primera vez me monté en un avión y viajé a Bogotá y Estados Unidos, donde asistí becado por el Programa Uninorte Incluyente a un campamento de verano para personas con discapacidad visual en New York.

 Así que mi consejo es que nunca se den por vencidos, omitan la incredulidad de la gente, que ningún objetivo es inalcanzable.

Por: Jesús González, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de Uninorte.