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Atención a la Diversidad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La diversidad es inherente al ser humano, está presente en nuestros trabajos, casas y espacios de aprendizaje, entonces si nos enriquecemos diariamente de ella ¿por qué es tan desconocida? Como ciudadanos y profesionales, estamos en una continua lucha por el reconocimiento de este concepto dentro de los distintos ámbitos en los que participamos.

En la educación, se reconoce desde la atención a la diversidad, una práctica que busca responder adecuadamente, a todas las diferentes capacidades y necesidades que se encuentran entre los estudiantes. Así mismo, busca que desde el reconocimiento de las diferencias entre cada individuo se pueda comprender que lo que es apto para personas con determinadas características también beneficia a aquellos con otras.

¿Por qué es importante entender esta práctica?, porque para que sus acciones sean efectivas se necesita la participación de todos, situándonos en una perspectiva de cambio. Atender a la diversidad es extender ese concepto de normalidad que tenemos actualmente y crear una cultura de aceptación.

Es necesario entender que integrar no es lo mismo que atender a la diversidad. Erróneamente se cree que, al eliminar barreras arquitectónicas o al admitir personas con discapacidad en el aula, ya se está reconociendo la diversidad. Pero la realidad nos muestra que estar físicamente en el mismo lugar que los demás no necesariamente garantiza el aprendizaje, ni que las necesidades del estudiante sean resueltas. Para que se dé realmente un cambio hacia una cultura inclusiva, la práctica educativa debe adaptarse a las características personales y necesidades de los alumnos, lo que conlleva no sólo a modificaciones de infraestructura sino también a modificaciones en las estructuras organizativas de las instituciones, en las actitudes, en el papel de cada persona del equipo, en las programaciones y contenidos, en las actuaciones en el aula y en general en la adecuación de todos los recursos que sean necesarios para hacer posible esta transformación.

El reto es que las instituciones educativas evolucionen a un sistema abierto y que esta perspectiva inclusiva garantice igualdad de oportunidades de desarrollo para todos los individuos de nuestra sociedad.

Finalmente, la idea de atender oportunamente la diversidad, significa potenciar un aprendizaje no segregador y lograr que la acción pedagógica de nuestro sistema educativo llegue a todas las personas. Lo que nos exige tanto a los ciudadanos como a los profesionales e instituciones, un constante progreso y un trabajo riguroso, pero de gran trascendencia.

Por: Melissa Del Toro. Psicóloga – Universidad del Norte (2015), Barranquilla, Colombia. Master en Atención a la Diversidad y Apoyos Educativos (2018) Universidad de Alcalá – Madrid, España.

Los sueños no son utopía

Desde que nacemos venimos a la tierra con el reto de enfrentarnos a un mundo lleno de oportunidades y dificultades. Desde que sentimos el calor de nuestra madre comienza nuestro desafío, y en nosotros está la decisión de afrontarlo con hidalguía y firmeza. En principio observamos el panorama tranquilo, pero con el pasar del tiempo nos damos cuenta de todos los obstáculos que hay que vencer.

Generalmente los seres humanos estamos buscando algún elemento que nos pueda victimizar y lograr que todo lo obtengamos sea de la forma más fácil posible. En primera instancia, decimos que tenemos discapacidad visual, física, cognitiva o auditiva y argumentamos que esta condición no nos permite tener una visión clara de todo lo que sucede en el mundo. Como segundo pretexto, inventamos que nacimos en una familia de bajos recursos y por lo tanto no tenemos las condiciones económicas para seguir avanzando con los objetivos trazados. Además, afirmamos con tono descarado que la situación en el mundo no se presta para soñar.  

Cada vez que pienso en lo antes descrito, llego a la conclusión de que este fenómeno se da debido a la debilidad mental que existe en cada uno de nosotros, y entonces me pregunto, ¿Qué tuvieron que hacer Beethoven, Thomas Edison, Nicolás Copérnico, Albert Einstein, Galileo Galilei, Leonardo da Vinci, Roberto Gómez Bolaños o Lionel Messi, para cumplir aquello que soñaban?

La respuesta a mi interrogante es muy sencilla, simplemente tuvieron aspiraciones desde su infancia y sin importar discapacidad, hambre, falta de apoyo o comentarios negativos hicieron caso omiso a los obstáculos y se sobrepusieron a las situaciones que quisieron truncar sus sueños. Si tenemos alguna discapacidad o no, todos gozamos del maravilloso derecho de soñar y nada impide que podamos llevar a cabo las metas que nos hemos propuesto.

Como primer punto clave debemos tener en cuenta con claridad y seguridad hacia dónde queremos ir. En segundo lugar, debemos convencernos a nosotros mismos que realmente nada es imposible, nada será fácil, ni regalado, pero finalmente la recompensa a nuestras lágrimas y esfuerzos llegará.

Hace 20 años fui concebido en Barranquilla y la familia González Cruz decidió asumir el reto de criar a una persona con discapacidad visual. Mi madre me cuenta que yo nací a los seis meses de embarazo, por lo que debieron meterme en una incubadora donde permanecí durante tres meses y luego fui dado de alta. En principio el parte médico fue alentador para mi familia, pero luego fueron notando cosas extrañas en mi manera de actuar. Mis padres afirman que yo no era como los otros bebés, pues no reaccionaba a ninguna clase de estímulo visual que existiera alrededor de los lugares en los que me encontraba. Por consiguiente, afanosamente buscaron una explicación a la situación que en ese entonces yo vivía.

Después de tantas visitas a médicos particulares me diagnosticaron retinopatía, es decir, desprendimiento de retina. Esta noticia cayó como balde de agua fría a mis padres, sin embargo, en una corte encabezada por mi abuelo, toda la familia decidió involucrarse en el proceso de desarrollo y de inclusión que yo iba a tener ante la sociedad.

Comencé a asistir a instituciones educativas para buscar el fortalecimiento de todos los conocimientos y habilidades, y aunque en muchas no fui aceptado, después de tocar tantas puertas me recibieron en un colegio, donde pude finalizar de manera exitosa la primaria y secundaria para avanzar a la educación superior.

A lo largo de mi vida tuve baja autoestima y les confieso que fue una situación bastante complicada, pero en este proceso Dios y la vida me enseñaron que siempre habrán personas que estén dispuestas a ofrecer ayudas y no siempre hay gente mal intencionada. Un día gracias a palabras de amigos y familiares decidí enfrentarme a la vida con disposición. Desde ese gran día no me he cansado de soñar y tocar puertas.

Mi sueño es ser un gran comentarista deportivo y sé que para lograrlo debo prepararme, por eso, aún cuando mis padres no tenían para pagar la Universidad decidí arriesgarme, y hoy puedo decir que este año ha sido de grandes bendiciones, pues ingresé a la Universidad del Norte becado por la empresa Tecnoglass a estudiar comunicación social y periodismo, y este mismo año saqué mi visa y por primera vez me monté en un avión y viajé a Bogotá y Estados Unidos, donde asistí becado por el Programa Uninorte Incluyente a un campamento de verano para personas con discapacidad visual en New York.

 Así que mi consejo es que nunca se den por vencidos, omitan la incredulidad de la gente, que ningún objetivo es inalcanzable.

Por: Jesús González, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de Uninorte.

Inclusión selectiva

 

 

 

 

 

 

 

 

He observado ciertas situaciones que pueden englobarse con el término “inclusión selectiva”, suena extraño ¿o no?, ¿cómo puedo ser incluyente de forma selectiva?, pues cuando en nombre de la inclusión doy un trato extraordinario a una persona con discapacidad, la línea entre la inclusión selectiva y el trato preferencial que merecen en determinados momentos las personas con discapacidad (PcD) puede ser un poco difusa. De hecho esto es precisamente lo que busco, abrir un debate sobre dónde termina una o comienza la otra.

Puede que una persona con discapacidad física sienta dolor o molestias al estar mucho tiempo de pie, por eso hacer una fila extensa puede resultar bastante engorroso e incluso producirles fatiga. Es entendible que ante esta situación cedamos nuestro puesto. Sin embargo, ¿qué impide a alguien con discapacidad auditiva realizar la fila a la par de una persona sin discapacidad?

Como este, puede haber otros ejemplos. No obstante, considero que la mayoría de los casos son una extensión del sentimiento de lástima que se asocia con la discapacidad, siendo este un prejuicio que debemos erradicar. Por lastima podemos tener cierto favoritismo y una PcD podría aceptar o buscar este trato extraordinario.

Algún día la discapacidad será vista como algo cotidiano, entenderemos que simplemente es una capacidad diferente de hacer las mismas cosas y no tendrá ese sensacionalismo que tiene hoy. Cuando ese día llegue quizá no será necesario hablar de discapacidad; pero mientras tanto debemos pararnos a pensar ¿estoy dando un trato igualitario ó acaso mi inclusión es selectiva?

Con esa reflexión me despido, no sin antes invitarlos a todos a participar de este espacio, aún queda mucha tela por cortar, varios prejuicios por derribar, entre ellos la diferencia entre incluir e integrar; entre excluir y segregar. Ojalá lo investiguen.

Por: Daniel Q. Guardias, estudiante de Medicina.

Redescubrimiento, la música sorda.

Para el primer semestre de 2018 le daba inicio a mi octavo semestre de carrera, la recta final de lo que sería mi último año en la Universidad. Sin embargo, con lo que no contaba era que me enfrentaría a una de las situaciones más complejas que jamás imaginé pudiese llegar a vivir.  Hace seis años fui diagnosticado con Policondritis Recidivante, una enfermedad autoinmune poco común que inflama y destruye tejidos. Poco tiempo después del diagnóstico sufrí dos paros cardiorrespiratorios, al segundo paro mi tráquea quedó absolutamente destruida y desde entonces, he vivido con una Traqueostomía Percutánea permanente. Todo esto para contextualizarlos un poco.

Estos seis años nunca me consideré una persona con una discapacidad, a pesar que la Traqueosmía me dificultaba un poco el habla y no me permitía llevar a cabo ciertas exigencias físicas debido a las dificultades respiratorias que presentaba. Toda esta situación parecía una simple gripe comparado con lo que estaba por suceder.

El 24 de enero de 2018 me encontraba dictando una de las clases particulares de guitarra con las que he podido pagar una parte de mi carrera. Para esta fecha, acababa de iniciar las clases en la Universidad y mi hija estaba por cumplir un mes de nacida, lo que representaba la razón más importante que tenía para comenzar el año con pie derecho y dar lo mejor de mí, para graduarme y sacar adelante mi familia. Al día siguiente desperté completamente sordo, “Hipoacusia Neurosensorial Súbita”, diagnosticaron los médicos. Algunos no se atrevían a culpar a la Policondritis, mientras que a otros les parecía bastante obvio.

Hipoacusia, sordera, súbita. Ese día pasé todo el día deseando que sólo fuese una pesadilla, un mal sueño donde mis peores temores se hacían realidad. Deseaba que todo fuese un caso inflamatorio de ese día o algo temporal que mejoría en una o dos semanas, pero los días pasaban y mi audición no regresaba. Cada vez pensaba más en “hasta aquí llegó mi carrera”, “debo aplazar el semestre” y todas estas cosas que parecían lo más lógico ante semejante situación.

Para no alargarme mucho, todas estas ideas fatalistas comenzaron a disiparse cuando decido regresar a la Universidad para comentar mi caso y recibir una orientación adecuada de qué era lo que debía hacer. El Director del programa de música Julián Navarro me comentó las posibilidades en cuanto a inclusión que se manejaban en la Institución, donde me ofrecieron todo el apoyo para sacar adelante mi semestre en mi condición.

Gracias a Uninorte Incluyente y al apoyo que recibí por parte de mis profesores me pude dar cuenta de que mi condición no me hacía menos capaz de seguir luchando por mis sueños y mis proyectos, sino que representaba una oportunidad para redescubrir mi vocación. Esta condición me enamoró más de mi carrera y me dio las herramientas para entenderla más a fondo.

Actualmente me encuentro haciendo prácticas en el colegio Salvador Suárez Suárez, lugar donde la mayoría de los niños tienen discapacidad auditiva. Mi labor es llevarles la experiencia de la música más allá de la audición, trabajar las diferentes formas en que podemos entenderla y apreciarla sin necesidad de escucharla.

Por: Andrés Rincón, estudiante del programa de música en Uninorte.

La inclusión la muevo desde mi corazón

 

                                                           

Mi principal motivación por trabajar en la inclusión para personas con discapacidad empezó hace 12 años, cuando nació mi hijo Samuel o Sammy, como le decimos cariñosamente. Sammy llegó a nuestras vidas con una discapacidad visual. Era la primera vez que teníamos a una persona con discapacidad en la familia. En ese momento, surgieron muchas preguntas que con el paso del tiempo hemos ido resolviendo. 

Estos años han estado llenos de aprendizajes, descubrimientos, caídas, levantadas, donde hemos transformado nuestras vidas. Hoy, Sammy es un niño totalmente incluido en su sistema escolar y en su vida social con otros niños de su edad.

Desde que él nació empecé a estudiar, entender y trabajar para que las personas, y en especial los niños que tienen alguna discapacidad, sientan que este mundo también les pertenece. Por eso, cuando llegué a la Universidad del Norte pensé en todos esos Sammys que hay en la ciudad, que también tienen la ilusión y el derecho de estudiar, de trabajar y de sentirse incluidos socialmente.

La inclusión ya está en la agenda nacional e internacional. En los Objetivos de Desarrollo Sostenibles y en el Consejo Nacional de Acreditación, por mencionar algunos, que entre las pautas para acreditar a las universidades está el que tengan iniciativas de inclusión. La academia cumple un papel fundamental, he ahí la importancia de programas como Uninorte Incluyente, que desde la Extensión está llamada a proponer los temas de transformación a la ciudad y la región.

Desde esta premisa, con la Alcaldía de Barranquilla empezamos a georreferenciar a las personas con discapacidad (PcD) de la ciudad. Un punto de partida, que permite identificar a esta población en cuanto a cantidad, edad, género, localidad a la que pertenecen, tipos de discapacidad que tienen, principales necesidades y expectativas, entre otras características que conllevan a una aplicación efectiva de estrategias por igualdad de oportunidades.

Desde la academia, es importante que las Instituciones de Educación Superior estén preparadas para recibir estudiantes con cualquier tipo de discapacidad y que estos se desarrollen en un ambiente donde estén incluidos en lo social y lo curricular, con una infraestructura accesible.

En la Universidad del Norte, se debe continuar con la sensibilización, una acción que nunca termina; articular los procesos de la Institución en la atención efectiva de las personas con discapacidad; que las nuevas infraestructuras diseñadas en el campus sean pensadas desde la accesibilidad; adaptaciones curriculares y clases accesibles que permitan el acceso y permanencia de los estudiantes con discapacidad e incentivar la investigación de este tema en pregrado y postgrado.

Mi deseo es que llegue un momento en el que hablar de discapacidad no sea algo extraordinario, que logremos tal nivel de inclusión que sea normal el tema y que ya no resulte exótico exponerlo en las noticias o en las conversaciones entre unos y otros.

Por: Paola Alcázar Hernández. PhD. Directora de Extensión Universidad del Norte y directora Programa Uninorte Incluyente.