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La Loma

Esta semana, en un lote ubicado en La Loma, ha sido puesta la primera piedra del proyecto de la nueva sede de la alcaldía, continuando de esta manera con el desarrollo urbanístico que comenzó con la construcción de la Avenida de Río y el malecón.  Con esta decisión la administración distrital da un significativo apoyo a los inversionistas interesados en desarrollar ese sector, demostrando la confianza institucional que tiene en el futuro de este proyecto urbano.

De ser exitoso, y a Barranquilla le conviene que así sea, el proyecto de La Loma será sin duda un referente y un ejemplo a seguir, inclusive por fuera de nuestras fronteras nacionales. Dado su tamaño, cerca de cien hectáreas, es posible adivinar que su impacto sobre la ciudad será notable.

Entendiendo que en La Loma actualmente no hay dinámicas urbanas de ningún tipo, y que es una isla prácticamente deshabitada y sin arraigo en la memoria de los barranquilleros; los esfuerzos para convertirla en una zona urbanísticamente consolidada se presumen gigantescos, exigentes de constancia, continuidad y muchísimos recursos económicos tanto públicos como privados. Esta es una apuesta a largo plazo, arriesgada como todas las que necesitan tiempo para su maduración, por lo tanto, su primera señal de éxito será que las administraciones posteriores continúen con esta empresa: cualquier falla en la continuidad de su desarrollo podrá significar su fracaso.

Sin embargo, no es conveniente que la ciudad se conforme sólo con que el proyecto logre sus metas económicas. Esto es fundamental, por supuesto, pero supone beneficios limitados. Se espera que La Loma se convierta en un espacio urbano de calidad, dinámico, diverso, ejemplar y que logre motivar sentimientos de pertenencia en un buen número de barranquilleros. Para que esto suceda, su diseño debe responder a las tendencias actuales en cuanto a movilidad, tipologías, densidad y variedad, y no repetir los errores del urbanismo del siglo pasado, promoviendo una estricta separación de usos y el dominio del vehículo particular. Así debemos esperar que haya sido su concepción.

Probablemente el desafío más complejo que enfrenta el proyecto es lograr que su esperado éxito se convierta en un impulso efectivo para la recuperación integral del centro histórico de Barranquilla, como en algunos escenarios se ha afirmado. En este sentido debemos evitar que el desarrollo de La Loma motive un mayor deterioro de nuestro centro, para lo cual es imperioso un plan que articule estas dos zonas.  Será muy tentador para futuros empresarios fijar su interés en el nuevo sector, con lo cual es probable que el centro histórico observe una disminución en su atractivo comercial, configurando así un escenario indeseable. Las ganancias cualitativas para la ciudad se verían disminuidas si esto sucede, entendiendo que sería imperdonable que el éxito de La Loma menoscabe la recuperación del centro. 

Con un plan conjunto, es posible lograr que el centro de Barranquilla también reciba beneficios derivados del proyecto de La Loma. Su desarrollo armonioso debe ser uno de los objetivos de esta apuesta urbana y es un resultado que debería buscarse con perseverancia. Esperemos que así lo entiendan nuestros gobernantes.

Publicado en El Heraldo el domingo 24 de agosto de 2014

 

 

Comportamiento y educación

Resulta triste comprobar la frecuencia con la que se repiten noticias referentes a malos comportamientos ciudadanos. No me estoy refiriendo a crímenes mayores: desfalcos, robos, asesinatos, masacres; éstos pertenecen a un ámbito mucho más complejo. Estoy señalando lo que se puede entender como faltas pequeñas, situaciones que podrían ser evitables utilizando el sentido común y acudiendo a la decencia y a la consideración. La semana pasada, como todas, me encontré con varios ejemplos.

Realizando un recorrido de apenas media hora, un periodista de El Heraldo pudo darse cuenta de dieciséis infracciones de tránsito relacionadas con las restricciones al parqueo en la Carrera 59. Tras la adecuada labor de socialización y divulgación, y la instalación de un buen número de señales que indican la nueva normativa para esa vía, los infractores no tienen excusa: si violan la norma es porque así lo desean, no porque no se hayan enterado. No sólo fueron encontradas infracciones directas, algunos, para evitar la restricción, tuvieron el atrevimiento de parquearse sobre el andén. La anarquía implícita en estas acciones es preocupante, y demuestra el poco interés en el bienestar común. Ojalá las sanciones se apliquen con rigor, da la impresión de que esa es la única manera en la que podemos aceptar el orden general.

Me enteré de otro caso de incivilidad durante una conversación reciente. Un conocido me contaba que hacía pocas noches, en medio de la semana laboral, un vecino de un barrio del norte de la ciudad había decidido organizar una reunión que incluía un grupo musical en vivo, apoyado por equipos de amplificación. El estruendo comenzó hacia la medianoche y se prolongó por un par de horas, con tal nivel de ruido que era imposible conciliar el sueño.  Las llamadas a la policía fueron estériles. Cuesta trabajo creer el nivel de desconsideración y egoísmo de quienes organizaron tal actividad, convirtiendo sin pudor una noche de descanso en una de insomnio.

Por último, el domingo anterior, una congresista consideró que tenía el derecho de invadir con su vehículo las playas de un sector turístico de Cartagena, cometiendo una infracción. Cuando un par de ministras se percataron del hecho e hicieron el oportuno reclamo, la situación fue divulgada y motivó discusiones en los medios de comunicación. Probablemente si el reclamo lo hubiese realizado una persona sin tales investiduras nada habría pasado, el vehículo se habría mantenido donde estaba, y quizá el denunciante hubiese sido amedrentado con agresividad. Lo peor es que hay quien considera que la congresista en realidad no hizo nada grave.

Siempre he pensado que cuando una persona ha tenido educación y ha crecido en un entorno que le ha provisto de cobijo y alimentación digna, como se entiende que debe ser el caso de los infractores mencionados, debe considerarse inexcusable que cometa tales acciones. Comprendo algo mejor esos comportamientos cuando provienen de quienes se han encontrado ante un entorno hostil, sin que esa comprensión suponga aceptación. El mal comportamiento no puede permitirse bajo ninguna excusa, sin embargo parece que la desobediencia y la agresión están ganando la batalla en todos los niveles posibles, con la tácita aceptación de todos.

Publicado en El Heraldo el domingo 7 de septiembre de 2014