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Licenciados en Educación analizan las prácticas pedagógicas en la formación docente

La ley General de Educación, Ley 115 de 1994, establece entre los propósitos de la formación de educadores “desarrollar la teoría y la práctica pedagógica como parte fundamental del saber del educador” y “fortalecer la investigación en el campo pedagógico y el saber específico”. En este contexto, la práctica pedagógica se plasma como un proceso autoreflexivo, donde el estudiante de licenciatura aborda saberes que enriquecen la comprensión del proceso educativo y la función del docente.

Con el objetivo de abrir un espacio de análisis y debate en torno a estas prácticas pedagógicas, de cara a las necesidades formativas de los maestros y a los actuales lineamientos ministeriales, el Instituto de Estudios en Educación, a través del Departamento de Educación, realizó el 31 de julio el Encuentro de Prácticas de Licenciaturas en Educación y Escuelas Normales de los departamentos de Atlántico y Magdalena.

De acuerdo con Liliana Castro Álvarez, coordinadora de prácticas del Departamento de Educación, el reto desde las licenciaturas está en superar esas “tensiones” que surgen entre los planteamientos del sistema y las regulaciones que muchas veces van en contravía, por ejemplo, formar maestros que atiendan y respondan a la diversidad humana y eduquen bajo principios de inclusión, pero a través de un sistema educativo que estandariza.

“Eso genera una tensión difícil de aliviar y que a nosotros los maestros nos toca trabajar y retarnos para sacar adelante, siempre enfocando la educación al desarrollo humano”, puntualizó la docente.

En la mañana se desarrollaron dos ponencias en el Salón de Proyecciones. Una de José Henao Gil, decano de la Facultad de Educación de la Universidad del Atlántico, y otra de Mónica Tausa Ramírez, rectora de La Normal María Auxiliadora de Santa Marta, quienes abordaron el compromiso del educador con la generación de desarrollo humano y social, y la práctica pedagógica investigativa en el desarrollo de la formación docente, respectivamente.

Durante la segunda parte de la jornada, a partir de las dos de la tarde, se conformaron mesas de trabajo por áreas temáticas, teniendo en cuenta la manera como se ha hecho la distribución de la formación de maestros, a través del Ministerio de Educación.

“Quienes estamos llamados a contribuir a la formación del maestro tenemos que trascender el concepto de comunicabilidad y de comunicación, porque nuestros lenguajes y formas de comunicarnos ya no son iguales a las de los jóvenes. Se cayeron los grandes modelos ideológicos. Ya nadie quiere ser ni marxista ni leninista”, advirtió Henao Gil, doctor en Ciencias de la Educación y exrector del Instituto Alexander von Humboldt.

Para el académico, al estructurar hoy los currículos habrá que buscar todas las formas de comunicabilidad y mediaciones que hagan posible que Miguel de Cervantes y Gabriel García Márquez trasciendan la historia, pero no desde el lenguaje tradicional. Argumentó que no se puede ubicar el ejercicio docente y de formación del maestro, "si la mirada no trasciende nuestra localidad" y analizamos el contexto nacional.

Hasta 1934, las escuelas normales superiores fueron las únicas instituciones acreditadas para formar maestros en Colombia. Con la aparición de las primeras facultades de Educación, la ley les exigió pasar por diferentes procesos de acreditación que redujeron su presencia en el sector educativo. Sin embargo, hoy siguen destacándose por su labor, sobre todo en los sectores rurales y lugares apartados de los cascos urbanos.

“La práctica no es solo el espacio del aula, es la preparación que antecede, pero ninguna es más importante que la otra, ambas son fundamentales. Si queremos formar maestros críticos, constructores e innovadores de su saber, los dos componentes tienen que estar muy bien fundamentados en ellos”, manifestó Tausa Ramírez.

La rectora recogió en su presentación el trasegar pedagógico que han tenido las escuelas normales, como el ambiente que les permea, pero también lo que se ha hecho objeto de investigación y estudio por directivos y maestros. Por ejemplo, las concepciones que tienen de pedagogía y educación.

“Cuando un investigador escribe y es un maestro, es una persona que vive codo a codo la vida de la escuela. No trae su voz sino la de su comunidad. Uno le da voz y rostro con un estilo propio, pero lo que nutre y alimenta esa experiencia y el nivel de conceptualización es lo que vive su propia comunidad educativa. Se vuelve entonces una constructora de pedagogía”, concluyó la licenciada en Educación.

Fuente: Grupo Prensa Uninorte

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