Diez años de un “viaje” a través de la filosofía
Publicado en: vie, 30 nov 2018 06:30:00 -0500
La docente e investigadora del programa de Comunicación Social y Periodismo, Kelly Pozo.

La filosofía parece aburrida. Dentro del imaginario de muchos estudiantes jóvenes aprender de pensadores contemporáneos sobre conceptos como poder, reconocimiento, lenguaje o emociones políticas, en una cátedra de tres horas, puede resultar agotador. Por eso, Kelly Pozo, docente del programa de Comunicación Social y Periodismo, emprendió hace diez años “un viaje único” con sus estudiantes.

Desde que empieza su clase “Filosofía y Comunicación”, puntualiza, le explica a sus estudiantes que de principio a fin será un “viaje” en el cual sus pasajeros pueden detenerse, bajarse, pedir chance, volverse a subir, continuar la marcha o acelerar. 

En ese sentido, lo que busca es replantear el esquema tradicional de una clase, promoviendo el pensamiento crítico, el aprendizaje significativo y valorando las experiencias de vida de los jóvenes y sus nociones previas. De esa manera, puede des-jerarquizar el sistema de notas, las asistencias, los parciales de memoria y privilegiar leer y promover la comprensión lectora, a través de ejemplificar, argumentar y el proponer de los estudiantes, así como promover en ellos alternativas de creación, crítica y reflexión. 

Su estrategia pedagógica, denominada “Este es el viaje”, fue galardonada en la modalidad de Buenas Prácticas del concurso de Innovación Pedagógica 2018, del Centro para la Excelencia Docente de Uninorte (CEDU).

“La mayoría de estudiantes al escuchar 'filosofía' lo relaciona con términos como algo antiquísimo, aburrido, extenso, denso, abstracto, confuso, que nada tiene que ver con el mundo real y que solo se limita a personas solitarias, mayores, malgeniados, poco sociables, casi sin historia, ellos me lo dicen”, asegura.

De modo que Pozo diseñó una estrategia escalada que fuese de lo simple a lo complejo y de lo concreto a la abstracto. Lo primero fue promover la lectura y desarrollar comprensión lectora, pues “no es posible un ejercicio del pensamiento si no hay lectura en una asignatura como filosofía”. Lo siguiente fue vincular lo leído con situaciones de la vida cotidiana que faciliten la comprensión de los estudiantes.

Así, habiendo logrado lo anterior, quienes hicieran parte de su clase pudiesen argumentar ideas de manera individual o grupal, defendiéndolas con argumentos propios y sin recurrir a un celular o un computador con internet sino a las reflexiones de los autores desarrollados y otras fuentes.

En su clase, jóvenes de distintas carreras se ven enfrentados a diferentes actividades donde pueden un día encontrar títeres, tribunas, memes, chistes, actualidad política o música, todo enlazado con la filosofía contemporánea explicando así las propuestas teóricas de autores como Foucault o Habermas a través de situaciones que usualmente le suceden a las personas en una rumba, en la casa o en la misma Universidad. 

Además, sus estudiantes tienen la posibilidad de no poder utilizar sus teléfonos celulares dejándolos desde el principio en un espacio que ella ha denominado “La Bolsa del Des-App-Ego” (esta que es una decisión individual brinda un “Bono Electrónico” a quienes decidan tomar la opción de hacerlo).

“Lo cierto, es que en cuanto me fue asignada la cátedra, le di un vuelco total al contenido y en vez de seguir haciendo de la clase una extensa retórica de filósofos, propuse discusiones que fueran universales, pertinentes, autores contemporáneos y actividades que posibilitaran una mejor comprensión de la filosofía en y desde la comunicación, ampliando así la mirada, el significado de Comunicar y la experiencia de la Filosofía”, puntualiza.

Pozo asegura que prepara cada clase como si fuese un primer encuentro con sus estudiantes donde da siempre lo mejor y que además la realidad le parece siempre mejor que la ficción para comprender y explicar los contenidos que dicta.  Para ella educar es de “valientes para los tiempos en los que transitamos”.

Por eso seguirá dictando su cátedra como un espacio dotado de libertad, apertura, diversidad, dinamismo, crítica, entusiasmo y mucha reflexión sobre la actualidad, sin abandonar la lectura, los talleres, los debates y los temas centrales.

“Yo soy una convencida de lo que hago y mi compromiso y entrega es total. Por eso, lo hago con amor y mucha dedicación.  Es mi pasión.  Y no hay nada más satisfactorio en la dinámica del mundo del trabajo que te paguen por hacer lo que amas, y yo amo educar”, aseguró.

 Por Edwin Caicedo Ucros

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