Comercio justo, una pieza clave del agro para el posconflicto
Publicado en: mié, 28 oct 2015 09:45:00 -0500
Marco Coscione, Silvana Insignares, Víctor Cordero y Jorge Bula, participantes en el panel.

En un posible escenario de posconflicto, uno de los principales retos es qué pasará con el campo colombiano, sobre todo con los pequeños campesinos, quienes producen hasta el 70% de los alimentos del país. Una de las trabas para que el campo se reactive en el país es la poca competitividad que grupo tiene, por lo que en un posconflicto estrategias de comercio justo serían una herramienta ideal para impulsar al sector.

En el marco de la Semana de la Ciencia Política que se realiza en Uninorte del 26 al 30 de octubre, expertos en el área participaron en el panel "Comercio justo, justicia económica y desarrollo local".

De acuerdo con Marco Coscione, coordinador de Gestión de Recursos e Incidencia de la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores de Comercio Justo (CLAC), ya hay un acercamiento de la Unidad de Restitución de Tierras con entidades de comercio justo activas en el país.

"Ya empezamos a hacer algunos encuentros con campesinos y organizaciones de pequeños productores, entre las cuales están organizaciones que apoyamos para que conozcan lo difícil que es empezar a trabajar de manera colectiva y luego insertarse en los circuitos económicos y comerciales con productos que respondan a ciertas características que el mercado pide, como calidad, volumen, etc.", afirmó el experto.

¿Qué tanto ha hecho Colombia?
"El comercio justo es una opción muy poderosa para pacificar el campo del país. Este supone dos aspectos fundamentales. Uno, el apoyo a las organizaciones de pequeños productores y unas estructuras más democráticas de las mismas, para que así las heridas del pasado se puedan recomponer dentro de la base de una mayor interacción entre los productores, la economía agrícola y el gobierno nacional y local", aseguró Jorge Bula, vicerrector de la Universidad Nacional de Colombia.

Según Bula, muy poco ha hecho el Gobierno para incentivar el comercio justo en el país, a diferencia de entidades privadas que ven en este una salida viable a la pobreza del agro. Una de estas entidades es la Red de Productores Ecológicos de la Sierra Nevada, una asociación sin ánimo de lucro que promueve el desarrollo integral del agricultor de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Gracias al avance en el tema del "Sello de Comercio Justo" o "Fair Trade Labelling Organizations" (FLO, por sus siglas en inglés), productos como el café y la miel que producen familias campesinas en la Sierra han logrado que se comercialicen a nivel nacional e internacional. Así obtienen grandes beneficios en materia de primas sociales, que se traducen en un sobrecosto de 10 centavos de dólar en el caso del café, reconocidos por el importador o comercializador y primas orgánicas, lo que les permite competir con las grandes industrias del país.

Si bien el marco legal del comercio justo en el país aún es incipiente, ya se perfila a ser una salida sólida para las familias campesinas de Colombia. De acuerdo con Silvia Gloria De Vivo, decana de Derecho y Ciencia Política y Relaciones Internacionales de Uninorte, las organizaciones de comercio justo todavía no son reconocidas más allá de sus territorios de influencia, pero poco a poco han incursionado en los mercados locales.

"Los mercados locales empiezan a entender la importancia de contribuir a la consolidación de estas organizaciones y su labor en ámbitos medio ambientales, sociales y económicos", expresó la decana durante su intervención".

Brasil, modelo a seguir
Una de las primeras tareas del campo colombiano debe ser escoger un modelo de desarrollo a seguir. En este sentido, Coscione considera que Brasil podría tener la respuesta.

Hace algunos años el gobierno brasileño, con el apoyo del Programa Mundial de Alimentos, aprobó una ley que obliga al sector público, como hospitales, escuelas, comedores comunitarios y cárceles, a comprar un 30% de sus adquisiciones en compra pública a productores de agricultura familiar, lo que demuestra que sí es posible que desde la altas instancias del gobierno se promueva un modelo de desarrollo para el agro que incentive al pequeño campesino.

El modelo de desarrollo agrícola del país vecino ha permitido en los últimos años una reducción considerable del costo de sus alimentos. Esto se debe a su modelo de producción, caracterizado por grandes terrenos de tierras, y no pequeñas parcelas. Estos bajos costos de los productos de la canasta familiar han repercutido considerablemente en la reducción de la pobreza en Brasil.

Por Daniel Cueto

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