El rector Meisel presente en el Hay Festival en conversación sobre la situación de las mujeres en Cartagena
Fue invitado a moderar una conversación con las economistas Marcela Meléndez, del Banco Mundial, y Andrea Otero, investigadora del Banco de la República, en un evento titulado "Cuando la cancha está desnivelada", en referencia a las desventajas de las mujeres en el mercado laboral de la ciudad.
Estadísticamente, la situación económica para las mujeres en Cartagena presenta grandes desventajas con respecto a los hombres. Los economistas que estudian la realidad del mercado laboral para las mujeres en la ciudad tienen una conclusión: los datos son aterradores. En el marco del Hay Festival Cartagena, el 29 de enero, el rector de la universidad, Adolfo Meisel, participó como moderador en una conversación con las economistas Marcela Meléndez, del Banco Mundial, y Andrea Otero, investigadora del Banco de la República. El evento se denominó "Cuando la cancha está desnivelada".
Si bien se estima que el desempleo femenino en la región Caribe puede ser de hasta 13 puntos porcentuales más alta que la masculina, de acuerdo con el rector Meisel, Cartagena es un caso extremo de esta situación desventajosa para las mujeres. Los datos entregados por las investigadoras lo demuestran: la tasa de participación laboral de las mujeres jóvenes es diez puntos más baja que en otras ciudades; la tasa de desempleo para mujeres de entre 18 y 28 años es del 30 %.
“Es un indicador terrible, no hay otro adjetivo para definir una tasa de desempleo de 30 % en una economía que está creciendo y que en otras dimensiones se puede considerar próspera”, dijo Andrea Otero, y agregó que las cifras para los jóvenes hombres tampoco se quedan atrás, pero en todos los indicadores para las mujeres es cerca de 10 puntos porcentuales más atrás.
Para el rector Meisel, la pobreza en Colombia tiene nombre femenino, pues es similar en todo el territorio. Con respecto a la realidad de las mujeres en Cartagena, el rector hizo una reflexión histórica: “En la época colonial, en la Plaza de los Coches, se compraban y vendían personas traídas de África para ser explotadas en diferentes trabajos, como en minas o haciendas; y en la actualidad en esa misma plaza se encuentra un mercado de explotación sexual, del que hacen parte muchas mujeres afrocolombianas. Me pregunto: ¿hasta qué punto esa huella profunda de la esclavitud en Cartagena es parte de esta situación que vivimos?”, reflexionó el rector para darle la palabra a las economistas.
En Cartagena, la población que se autoreconoce como parte de un grupo étnico es alta; uno de cada cinco se percibe afro, mulato o palenquero. Se sabe, explicó Otero, que estadísticamente las poblaciones étnicas tienen indicadores de pobreza más altos, lo cual se suma a la situación frágil del mercado laboral de la ciudad. “En Cartagena las mujeres tienen significativamente más años de educación que los hombres; aun así, enfrentan peores condiciones en el mercado laboral. Entonces las normas sociales y de género siempre van a estar transversales en esta conversación, pero agravadas además por la condición étnica”, agregó.
Por su parte, Marcela Meléndez señaló que detrás de lo que se observa en Cartagena está que las peores brechas en el mercado laboral son entre pobres y ricos: las mujeres que están en el 20 % de más altos ingresos de la población se parecen mucho más a los hombres en el desempeño que a las mujeres que están en el nivel más pobre. “Cartagena es una ciudad de inmensos contrastes, y particularmente desigual incluso en el contexto colombiano. Parte de lo que uno está viendo conectado con las mujeres de minorías étnicas en Cartagena tiene que ver con la concentración más alta de la gente más pobre en la ciudad”, indicó.
La conversación entre los tres economistas siguió con reflexiones sobre la informalidad del turismo, que llega al 70 %; ilegalidad alrededor del trabajo sexual, la trata de personas y la prostitución infantil; las necesidades del sector productivo de la ciudad y de capital humano; políticas de educación de calidad para la infancia; los servicios públicos y la desnutrición infantil. “Necesidades elementales que no se priorizan por la descentralización del país. Aunque ahora hay más recursos para las regiones, no hay claridad de en qué se van a invertir. Eso es preocupante”, sostuvo el rector.
Reflexiones que quedaron sobre la mesa para que los asistentes se hicieran una idea científica, desde la economía, y sacaran sus propias conclusiones. Las soluciones podrán surgir desde todas las direcciones ideológicas, pero los datos estadísticos muestran una realidad que no tiene mucha discusión. En algo, por lo menos, se puede estar de acuerdo. Lo difícil es encontrar unanimidad en qué camino tomar.
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Feb 06, 2026
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