¿Ya no son necesarias las tareas en nuestro sistema educativo?

En las últimas semanas se ha venido discutiendo acerca de un interesante, pero controversial anuncio sobre abolir las tareas usualmente establecidas en instituciones educativas oficiales y privadas, específicamente del municipio de Soledad, Atlántico.

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Alcalde de Soledad, Joao Herrera, hablando a estudiantes.

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27 nov 2017

En las últimas semanas se ha venido discutiendo acerca de un interesante, pero controversial anuncio sobre abolir las tareas usualmente establecidas en instituciones educativas oficiales y privadas, específicamente del municipio de Soledad, Atlántico. Su alcalde Joao Herrera Iranzo estableció que a partir de 2018 los niños que reciben clases en este municipio no tendrán que realizar tareas en sus casas, teniendo en cuenta “la poca preparación académica con la que cuentan los padres de familia y el escaso tiempo para desarrollar dichas tareas”, que terminan siendo una perturbación para estos.

Pero ¿ya no son necesarias las tareas en nuestro sistema educativo? Con la finalidad de establecer diferentes perspectivas que permitan asumir una postura basada en información obtenida a través de estudios realizados sobre esta temática, el Observatorio de Educación del Caribe (OECC) de Uninorte analizó algunos de los más relevantes para responder la interrogante. 

De acuerdo con información de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico –OECD (2014)- las tareas son oportunidades para el aprendizaje y permiten reforzar las desigualdades socioeconómicas en el rendimiento de los alumnos. Los centros y los profesores deben buscar formas de animar a los alumnos desfavorecidos y con dificultades para que realicen las tareas.

Estudios basados en los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) del año 2015 (OCDE, 2017) muestran que los alumnos que realizan actividades rutinarias con sus padres en el hogar, como comer juntos o pasar tiempo «simplemente hablando», no solo sacan mejores notas en PISA, sino que también están más satisfechos con sus vidas. Las tareas en sí mismas cumplen con un papel importante dentro del modelo educativo de una institución escolar, al permitir el reforzamiento del rendimiento académico de los estudiantes y consolidarse como una actividad que brinda la oportunidad de establecer vínculos con las familias una vez el estudiante se encuentra fuera del entorno escolar.

Hasta este punto es notable el significado de desarrollar tareas en casa dentro de los procesos de aprendizaje de los estudiantes, sin embargo, surge inquietud con respecto a aquellos países que se han destacado por su alto rendimiento en pruebas internacionales y cuya similitud radica en las pocas tareas que sus sistemas educativos dejan para casa e incluso en la disminución de horas de estudio dentro de espacios escolares.

Uno de los casos a mencionar es Finlandia que, de acuerdo con los resultados PISA, desde el año 2000 (primera prueba realizada) cuenta con un destacable puntaje, lo que lleva a analizar las características principales de su modelo. Según la OCDE, estas son: tiene en cuenta los ritmos de aprendizaje de cada estudiante, para ejercer la profesión de maestro se requiere tener mínimo una maestría en educación, no existe un sistema estatal de evaluación docente, casi todas las escuelas son públicas, el promedio de estudiantes por clases es de 23, las jornadas son más cortas en comparación con otros países con la finalidad de pasar tiempo en familia y se establece la asignación de un profesor especializado para trabajar con alumnos con dificultades.

“El tema de las tareas va ligado al modelo de currículum que tenga la institución. La medida de eliminarlas no será efectiva, si no se analizan otros aspectos que puedan complementarla. Hay que repensar las actividades al interior del aula, pues en el caso de Finlandia no están totalmente eliminadas”, afirmó Belkis Cifuentes, investigadora del observatorio y docente de la maestría en Educación de Uninorte.

Los estudiantes de este país europeo se dedican a las tareas en casa de 10 a 20 minutos diarios, pero algunas veces no existe este tipo de compromisos escolares. La eliminación de tareas excesivas compone un aspecto que llama la atención e invita a replicarlo en sistemas educativos como el nuestro, en donde los estudiantes y padres de familia parecen agobiados algunas veces con el material a desarrollar en casa. Sin embargo es importante tener en cuenta las otras características mencionadas que, en su conjunto, son determinantes para el éxito de este modelo educativo. También hay que tener en cuenta el contexto y sus necesidades.

“Para mí las tareas en preescolar, en primaria e inclusive secundaria no tienen un papel significativo, dado que es en la escuela donde el docente hace que el alumno participe activamente y le produzca gozo el indagar, explorar, conocer por iniciativa propia”, señaló Margarita Osorio, investigadora del grupo de Cognición y Educación de la universidad. Agregó que hay una tendencia no muy positiva de enviar tareas a la casa, y es cuando el papá o la mamá es quien resuelve, quitándoles tiempo de interacción en casa con sus hijos.

Alexander Villarraga, director del OECC, advirtió que no todas las tareas deben ser satanizadas y que debe tenerse claro a qué apunta cada una, ya sea como un refuerzo de conocimiento adquirido en clase o un conocimiento que el estudiante debe aprender por sí solo.

“El primer tipo de tareas son las que ayudan el proceso de aprendizaje, pero otro factor es qué tanto tiempo le va a tomar al alumno hacerlo fuera de casa. Simplemente satanizar las tareas no es una buena medida porque un estudiante que durante todo su paso por el colegio nunca hizo una tarea en casa, al llegar a la universidad va a encontrar que todos los profesores lo van a poner a desarrollar tareas fuera del aula y tendrá dificultades”, manifestó Villarraga.

La reflexión sobre lo que implica el establecimiento de la medida tomada por el alcalde de Soledad lleva al análisis detallado de las políticas educativas, del estado actual de la educación para posteriormente tomar decisiones que sean las más favorables para que se logren las metas que se esperan.

 Por OECC y Grupo Prensa

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