Prevención y control, la necesidad de una política pública ante el Fenómeno de El Niño
Publicado en: mar, 02 abr 2019 05:25:00 -0500
Ciénaga del Totumo durante el Fenómeno del Niño de 2015. (Foto: Juan Ortiz)

De 391 municipios en riesgo por el Fenómeno de El Niño en el país, al menos 100 han reportado algún grado de desabastecimiento de agua potable, de acuerdo con el Viceministerio de Agua y Saneamiento Básico. Las predicciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, siglas en inglés), la Universidad de Columbia y la Oficina de Metereología del Gobierno de Australia coinciden en que su impacto más fuerte en Colombia comenzó en marzo, siendo el Caribe y la Orinoquía las zonas más afectadas.

Ante la eventualidad, y su coexistencia con la temporada seca, el Gobierno analiza la posibilidad de expedir una nueva resolución sobre el desincentivo al consumo excesivo del agua, exigiendo que quienes sobrepasen los límites permisibles de consumo establecidos paguen tarifas más altas.

Si bien se trata de una “medida transitoria”, tal como lo señaló el Viceministerio, pues tuvo un buen impacto en el consumo y ahorro durante el fenómeno pasado, para Juan Carlos Ortiz Royero, profesor investigador del Departamento de Física y Geociencias de la Universidad del Norte, el hecho evidencia “la necesidad de formalizar y hacer sólidos los protocolos y las políticas de Estado frente a El Niño y otros eventos climatológicos” que afectan a Colombia.

“Las alertas son alertas, independientemente de que sea un suceso de mayor o menor magnitud, pero no hay que esperar a que suceda para prepararnos. No tenemos que esperar este momento del año para entonces concientizar a la gente de ahorrar agua y mirar los embalses. ¿Por qué para algo que es tan cíclico no existen unas estrategias de carácter permanente en cada zona potencialmente vulnerable a la sequía?”, cuestiona el docente especializado en procesos de interacción océano-atmósfera, principalmente en la zona tropical y el Caribe.

Durante el Fenómeno de El Niño de 2015 y 2016, 656 municipios del país estuvieron en riesgo de desabastecimiento de agua, hecho que motivó a las autoridades a activar planes de contingencia y medidas como el suministro de agua potable en carrotanques.

Desde diciembre de 2018 el Ministerio de Ambiente y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres adelantan acciones en materia de prevención para reducir el impacto del fenómeno climatológico en el país. La Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos y Comunicaciones, Andesco, hizo a mediados de enero un llamado a los colombianos a ahorrar y hacer un uso responsable del agua y energía. En el Atlántico, la Subsecretaría de Gestión de Riesgo y Desastres Departamental recordó, a finales del mismo mes, a las alcaldías la presentación de sus planes de contingencia para hacer frente al período de sequía, entendiendo “la importancia de estos para tomar las medidas a tiempo y evitar las afectaciones”. Sin embargo, hasta el 30 de enero, la Alcaldía de Soledad era el único ente territorial que había dado a conocer el documento.

“Debe haber una culturización de los protocolos. Por ejemplo, cuando se presentan las grandes nevadas en la parte norte de Estados Unidos y Canadá en invierno,  no vemos a las agencias de gestión del riesgo estar apuradas por ver qué medidas toman. Ellos saben que todos los años les pasa eso y toman los protocolos para esta temporada. Así debe ser acá, sería un paso significativo para las comunidades más vulnerables, que ya deberían saber cómo afrontar estos fenómenos”, agrega el docente.

Y es que debido a la reducción de los caudales de los afluentes de los que se surten de agua cerca de ocho municipios del país, detalló José Luis Acero, viceministro de Agua y Saneamiento Básico, estos declararon la calamidad pública por desabastecimiento. Mientras tanto, desde la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) advirtieron que ocho poblaciones de La Guajira, cinco de Córdoba, veinte de Bolívar y ocho del Atlántico presentan escasez crítica.

 

 

El recurso hídrico

La empresa Triple A ha activado trabajos preventivos cerca a las bocatomas de los acueductos que opera la compañía para evitar afectación en el suministro de agua potable.

Juan Camilo Restrepo López, profesor del Departamento de Física y Geociencias, ingeniero ambiental y doctor en Ciencias del Mar, explica que la falta de acceso al agua en Colombia nunca ha sido por la disponibilidad del recurso sino por la preparación técnica, es decir, asuntos técnicos, económico-políticos y financieros alrededor del hecho.

“Uno solo de nuestros ríos, el Magdalena, tiene más agua que toda el agua disponible en la Península Ibérica, y allá hay el doble de población, con un estilo de vida que, en general, demanda más recursos que el nuestro. Es decir, tenemos el recurso, pero solo tenemos un punto de captación de agua y ese está en cierto lugar de la orilla. Incluso llegando a los caudales históricos más bajos del río (Magdalena), que son 2 mil metros cúbicos por segundo, sería suficiente para la población de Barranquilla y su área metropolitana”, argumenta el docente.

Además del Fenómeno de El Niño, en este momento el Magdalena tiene otra contrariedad y es que su principal tributario, el río Cauca, está en una condición anómala por el caso de Hidroituango.

“Eso debe prender las alarmas, pero no en términos del recurso como tal sino en la forma cómo la estamos administrando. Como siempre hemos sido ricos en ese recurso, no le hemos prestado la atención debida y nuestra memoria hidrológica es corta y selectiva”, señala el profesor Restrepo.

En cuanto a la navegabilidad en el río, si el caudal sigue bajando, sus previsiones apuntan a que entre los meses de febrero y marzo se presentarán problemas, particularmente en los últimos kilómetros de la desembocadura, que conforman un estuario.

Tanto Ortiz como Restrepo coinciden en que debe haber un control permanente del manejo del recurso hídrico, de acuerdo a la marcada estacionalidad climática del país, y trasladar eso “a la gente de a pie”, a una culturización de la prevención y el control.

¿Qué es?

El Fenómeno de El Niño es una alteración de la temperatura superficial del Océano Pacífico Tropical, y actualmente es considerada una de las fuentes de variabilidad climática más importantes en las zonas tropicales. El nombre formal del proceso es ‘El Niño-Oscilación del Sur (ENOS)’. ‘OS’ corresponde al término Oscilación del Sur y se refiere a la componente atmosférica del proceso, relacionada con la oscilación de la presión atmosférica en el Pacifico Sur (descubierta en 1910 por G. Walker). Por otro lado ‘El Niño’ corresponde a la componente oceánica del proceso, asociado al incremento de la temperatura superficial del océano Pacifico ecuatorial. Así que ENOS es un proceso de interacción oceánico-atmosférico que se repite cada 2 a 7 años, y que aún no se tiene mucha claridad si es la componente atmosférica que genera la oceánica o viceversa.

Sus primeros antecedentes oceánicos indican que los pescadores del norte de Perú denominaban "corriente del Niño" a un flujo de agua cálida atípica que llegaba a la costa e influía desfavorablemente a la producción pesquera. Al parecer, el nombre de esta corriente hacía referencia al Niño Jesús, ya que ésta se presentaba de manera notoria después de Navidad. Aunque la Oscilación del Sur había sido detectada desde 1910, sólo hasta 1969 el meteorólogo J. Bjerknes pudo establecer que ambos procesos (oceánico y atmosférico) hacían parte del mismo fenómeno y se acuñó el término EL Niño Oscilación del Sur que se usa actualmente. Lo que se ha llamado popularmente "La Niña" es en realidad la otra fase del ENOS, donde las condiciones atmosféricas oceánicas se invierten.

 

Por José Luis Rodríguez R.

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