Egresada es nominada a los Toronto Community Awards por su labor educativa
A través de iniciativas que combinan arte, música y juego, Karla De La Hoz ha construido espacios de aprendizaje y comunidad para familias migrantes en Toronto. En el Mes del Maestro resaltamos su labor.
Karla De La Hoz Del Villar, egresada de los programas de Licenciatura Infantil y Psicología de la Universidad del Norte, fue nominada a los Toronto Community Awards como Arts & Culture Champion MVP Award Nominee. El reconocimiento, iniciativa de la administración local de la ciudad, destaca las contribuciones de organizaciones y líderes que promueven la salud, el bienestar y la resiliencia de los residentes de Toronto.
“Saber que mi aporte como mujer inmigrante, hispanohablante, educadora y trabajadora comunitaria está generando impacto es profundamente significativo”, afirma la joven tomasina.
Karla lleva cuatro años y medio viviendo en Toronto. La elección de esta ciudad no fue al azar y es que precisamente ofrecía todo lo que ella quería: la posibilidad de crecer a nivel personal y profesional, compartir con personas de otras culturas y vivir experiencias distintas. “Para mí llegar a Toronto significó crecer profesionalmente, ampliar mi visión del mundo y construir una nueva etapa de vida en una ciudad diversa que hoy es mi casa”, señala.
Una vez en Toronto, Karla tuvo que empezar desde cero para hacerse un lugar en una ciudad donde no contaba con una red de contactos que respaldara su trayectoria profesional. Sin embargo, su formación académica fue una herramienta clave para abrirse camino. Cursó sus estudios de pregrado gracias a la Beca-crédito condonable del ICETEX y a la Beca Familia Espinosa Dávila. Posteriormente, realizó un intercambio académico en México en la Universidad de Monterrey y una Maestría en Estudios Culturales en la Universidad de los Andes, también becada.
“Empecé a construir mi camino con las herramientas que traía de Colombia y con lo que soy: mi vocación social y comunitaria, mi sensibilidad humana y mi pasión por la infancia”, argumenta. Para Karla, su formación en Uninorte ha sido una pieza clave para desempeñar su labor en Canadá, brindándole las bases para comprender el desarrollo de los niños desde una mirada integral: cognitiva, emocional, social, cultural y familiar. A esto se suman herramientas adquiridas durante su paso por la universidad, como la importancia de observar, escuchar y crear en contexto.
“Ser egresada uninorteña me dio bases académicas, éticas y sensibles para entender que educar es también crear vínculos, abrir oportunidades y acompañar procesos de desarrollo en contextos diversos”, expresa.

Esas habilidades le han servido en el trabajo con familias, muchas de ellas migrantes. Con ellas aplica una metodología que combina aprendizaje con juegos, música, movimiento, arte, narración de historias, juego sensorial y participación familiar. “Es una metodología participativa y comunitaria, porque no solo vincula a los niños, sino también a sus cuidadores, familias, organizaciones comunitarias, instituciones públicas y aliados privados interesados en crear espacios de encuentro y crecimiento”, explica.
Su trabajo en centros comunitarios de la ciudad ha sido tan destacado que las familias continuaban participando en los programas que lideraba, a pesar de no estar en el mismo lugar donde impulsó la iniciativa. Lo anterior fue una señal que le ratificó que el trabajo comunitario va más allá del lugar y son los vínculos de confianza los que generan el verdadero impacto.
Tras estas experiencias desarrolló Wiggle with Karla, un proyecto que integra música, movimiento, arte, narración de historias, juego sensorial y actividades interactivas para niños de 0 a 6 años, con el objetivo de promover su desarrollo. La iniciativa se destaca por unir a las familias y hacer que se sientan en comunidad. Además, cuenta que suele incluir elementos bilingües para mantener las raíces, el vínculo y el idioma de la cultura de los participantes.
Los retos que tuvo que afrontar durante todo este proceso fueron la barrera del idioma, la construcción de una red de apoyo y la adaptación en el país. “Migrar me enseñó la importancia de buscar ayuda, leer, preguntar, asesorarse bien y confiar en mi capacidad de aprender, adaptarme y construir una vida nueva paso a paso”, sostiene.

Para Karla, resulta fundamental entender que la educación infantil es una labor profundamente social, cultural y transformadora, y va más allá de actividades orientadas a entretener o cuidar a los menores. “Aunque el cuidado es una dimensión esencial, esta profesión requiere conocimiento pedagógico, comprensión del desarrollo infantil, sensibilidad social, inclusión e investigación”, afirma.
A su vez, reconoció que es necesario derribar mitos como creer que es una profesión naturalmente femenina y visibilizar las historias de los profesionales de la educación infantil para que se les consideren como agentes de transformación. “La educación infantil necesita profesionales que no solo trabajen en el aula, sino que también participen en la comunidad, propongan ideas, creen proyectos y defiendan la importancia de la primera infancia”.
Como consejo a los estudiantes y futuros licenciados en educación infantil, Karla recomienda desarrollar la sensibilidad, la creatividad, la investigación, la comunicación y el liderazgo. “Confíen en el valor de su profesión y no esperen tener todo perfecto para empezar. Muchas veces los proyectos con impacto social nacen de observar una necesidad, escuchar a la comunidad y atreverse a dar un primer paso”, sostuvo.
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