El bienestar personal de los profesores como herramienta pedagógica

Un proyecto liderado por el IESE y la Fundación Pies Descalzos busca empoderar a los educadores de las escuelas oficiales del corregimiento La Playa para el manejo de sus necesidades emocionales y socioafectivas, con miras a que puedan generar mejores procesos de eneseñanza y aprendizaje en el aula de clases.

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Investigadores del IESE con profesores del corregimiento La Playa.

Por: José Luis Rodríguez R.

02 abr 2024

En un contexto educativo donde los desafíos van más allá del aula de clases, la investigación liderada por Mauricio Herrón, profesor asistente del Departamento de Educación del IESE, destaca en la región Caribe como un proyecto innovador que busca abordar las necesidades emocionales y socioafectivas de los educadores. Esta iniciativa, producto de la alianza entre la Fundación Pies Descalzos y la Universidad del Norte, a través de la cual se creó un Aula de Innovación Pedagógica (AIP), ha desplegado un conjunto de estrategias para empoderar a los educadores de las escuelas oficiales del corregimiento La Playa, transformando su bienestar personal en una poderosa herramienta pedagógica.

El AIP pretende ser un espacio de encuentro para que los educadores puedan generar innovaciones que contribuyan al mejoramiento de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Para esta primera versión del proyecto, un equipo de investigadores del IESE y del Centro de Docencia Universitaria (CEDU) diseñó, desde julio de 2023, el programa Bienestar para Enseñar, cuyo objetivo fundamental es dotar a los directivos, coordinadores, docentes y psicorientadores de las cuatro escuelas oficiales del corregimiento de herramientas socioemocionales y estrategias de autocuidado que les permitan desarrollar innovaciones pedagógicas interinstitucionales.

Según el estudio, la adicción a sustancias, la violencia intrafamiliar, el embarazo adolescente, el pandillismo, las fronteras invisibles y el abuso infantil son algunas de las problemáticas que este grupo de educadores debe afrontar en su quehacer diario. Es por eso que el diseño del programa articula diez actividades en torno a cuatro ejes temáticos: intrapersonal, interpersonal, pedagógico y estratégico, que abordan estas tensiones psicosociales que impactan su bienestar y las herramientas con las que cuentan para superarlas.

De acuerdo con Herrón, reconocer y abordar las tensiones psicosociales es, por ende, abordar la calidad de la enseñanza. "Nos inspiramos en las creencias e historias que compartieron con nosotros un grupo de educadores del corregimiento durante la fase de acercamiento y caracterización. De acuerdo con sus testimonios, el desarrollo socioemocional y el autocuidado del educador son pilares fundamentales de una enseñanza efectiva. Ellos se ven a sí mismos como una pieza clave del desarrollo integral de sus estudiantes y de los procesos de transformación social de la comunidad”, explica el docente investigador.

Proceso transformador

Desde ejercicios de autoconocimiento hasta el diseño de comunidades de aprendizaje, los educadores se sumergen en un proceso transformador que trasciende las barreras del aula. Inicialmente, se enfocan en el bienestar y desarrollo socioemocional, mediante ejercicios de autoconocimiento y prácticas de regulación emocional. Posteriormente se adentran en el ámbito de las habilidades de relacionamiento social, fomentando la sensibilización y la generación de empatía y alianzas con la familia y la comunidad.

Luego, desde el eje pedagógico, los educadores diseñan comunidades de aprendizaje para vincular de manera innovadora a las familias en la formación de los estudiantes, seguido de un acompañamiento pedagógico y la socialización del proceso. Finalmente, se invita a los educadores a transferir sus aprendizajes y a participar en futuras versiones del programa.

Los educadores una vez finalizan su participación en el programa, reciben una certificación y la homologación de tres créditos en la Maestría en Educación del Instituto de Estudios en Educación de Uninorte. 

La colaboración entre la Fundación Pies Descalzos y la Universidad del Norte ha permitido no solo la construcción física del AIP, sino también el intercambio de conocimientos y recursos que enriquecen la experiencia educativa. Sin embargo, el camino no ha estado exento de desafíos. La coordinación entre las escuelas oficiales del corregimiento y la resistencia inicial frente a la participación de una institución de educación superior privada han sido uno de los obstáculos superados. 

"Ser asertivos con nuestras intenciones y comprender las necesidades de los educadores ha sido clave en este proceso. Esta experiencia nos ha permitido continuar generando puentes entre la escuela pública y la universidad privada, los cuales son fundamentales para seguir avanzando en la mejora de la calidad educativa de nuestra región y el país", enfatiza Herrón.



Bajo esa visión, los primeros indicios de impacto del proyecto son alentadores. A través de diarios de reflexión y ejercicios de introspección sobre sus creencias, virtudes y defectos, los educadores han manifestado cambios significativos en su manera de relacionarse entre ellos y con la comunidad. De acuerdo con el estudio, han fortalecido su proceso de autoconocimiento, “el cual es clave para acercarlos a la felicidad”. Otra de las actividades que ha tenido mucha acogida entre los educadores es la de Mindfulness y Autorregulación Emocional, mediante la cual aprenden técnicas de respiración, relajación y reestructuración cognitiva que les ayudan a mejorar sus niveles de bienestar emocional.

Los procesos de transformación social y educativa toman tiempo y requieren de un esfuerzo conjunto de distintos actores, públicos y privados, pero estas evidencias preliminares indican que el programa funciona y que al finalizar el proyecto (junio de 2024) se podrá dar cuenta de un impacto positivo para la comunidad de educadores y las familias de los estudiantes de La Playa.  Por eso la Fundación Pies Descalzos y los investigadores de la Universidad del Norte planean expandir esta experiencia a otras comunidades educativas, con la esperanza de transformar la educación desde el cuidado y la empatía. 

"Lo que buscamos es que este modelo de AIP sea un espacio móvil que nos permita aportar al desarrollo personal y profesional de los educadores del Distrito y la región", concluye Herrón.

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