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En Singapur los estudiantes pueden armar su propio currículo

La Universidad Nacional de Singapur estrena este año una iniciativa que permite a sus estudiantes diseñar sus propios módulos académicos. Análisis del impacto potencial positivo que tendría aplicar esta innovación educativa en Colombia.

Las bases del Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2018-2022 plantean el Pacto por la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, que contempla que la sociedad y la economía del futuro estarán fundamentadas en el conocimiento. Con los objetivos del pacto en la mira, la academia asume la responsabilidad de impulsar ideas innovadoras que mejoren la conexión entre universidades y empresas en torno a la generación de proyectos, sobre todo aquellos cuyo propósito es usar y transferir el saber.

Para lograrlo, hay que entender que la innovación en educación no tiene que ser compleja o costosa, ni necesita el soporte de grandes tecnologías o equipos. Simplemente requiere pensar las cosas de manera diferente y atreverse a romper tradiciones.

Un ejemplo a estudiar es la iniciativa que lanzará en agosto de 2019 la Universidad Nacional de Singapur, en la cual los estudiantes de pregrado tendrán la libertad de diseñar sus módulos educativos, empoderándolos de su proceso formativo y motivándolos a realizar sus sueños mediante un modelo denominado Design-Your-Own-Module Initiative (DYOM).

El proceso es sencillo: los alumnos interesados deberán organizarse en grupos de mínimo diez personas y presentar una propuesta a los miembros de su facultad. Allí podrán interactuar con conferencistas y representantes del mundo empresarial para aprender de ellos temáticas que eligen libremente.

Es su propuesta, los estudiantes podrán seleccionar cursos gratuitos en plataformas online como recursos adjuntos al módulo que proponen; por ejemplo, edX, el sitio web de cursos masivos abiertos y en línea creada por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) y la Universidad de Harvard.

Aprobada la propuesta, los asesores de la facultad supervisarán las discusiones, asignarán tareas y garantizarán la demostración de competencias en el campo de estudio escogido por medio de evaluaciones.

Los módulos elegidos podrán ser utilizados para cumplir los requisitos de especialización, licenciaturas, pregrado y programas de doble titulación o titulación simultánea. De esta forma, cada estudiante podrá tomar hasta cuatro créditos de sus módulos electivos para enriquecer su formación y fortalecer su crecimiento personal y profesional. Y reforzará, a su vez, habilidades ‘blandas’ como el trabajo en equipo y la comunicación.

Los creadores de esta iniciativa innovadora argumentan que la idea surgió a partir de la identificación de necesidades especiales de los alumnos que las facultades no siempre atendían de manera satisfactoria, respondiendo así al deseo de hacer responsables y empoderar a los estudiantes en el diseño de su trayectoria de aprendizaje.

¿Vale la pena intentarlo en Colombia?
Este proyecto permite a las universidades generar una oferta personalizada en su portafolio según los intereses de los alumnos –quienes buscan opciones educativas que las instituciones de educación no han puesto en su radar o tardan en convertir en una opción académica– y que fortalece habilidades fundamentales para el futuro, en el que la capacidad de aprendizaje autodirigido a lo largo de la vida será una necesidad.

Los paradigmas propios de las universidades en sus procesos de creación y diseño de nuevos cursos, módulos o programas las hacen lentas en reaccionar a demandas emergentes en un mundo que cada vez se mueve más rápido. Por eso, los estudiantes buscan alternativas en plataformas digitales que se mueven a la velocidad del mercado laboral. Iniciativas como la de la Universidad Nacional de Singapur busca invitarlos a ser parte de la ruptura de los paradigmas universitarios y a acompañarnos a ser más ágiles en responder a sus necesidades.

Con la práctica de este modelo, el enlace entre universidades y empresas mejoraría e, incluso, podría superar desafíos como la falta de capacitación especializada de talento humano, una falencia identificada en las bases del PND.

Por otro lado, una estrategia así reforzaría el sentido de pertenencia de los alumnos y permitiría que se apropien mejor de su proceso formativo. Tendrían que aprender a reconocer las diferencias entre aquello que deben aprender y lo que les interesa; eso haría que se vuelvan corresponsables de sus programas y parte de la innovación en su institución.

Colombia cuenta con un conjunto diverso de entidades de enlace entre la academia y las empresas para promover procesos de difusión y absorción del conocimiento, pero contar con la participación de los principales actores de la etapa educativa, los estudiantes, y su capacidad de innovar, abre las puertas a nuevas oportunidades, tanto para las instituciones de educación superior como para los profesionales colombianos que, en un futuro, tendrán más y mejores herramientas para el desarrollo de su quehacer laboral en el ámbito nacional.

La innovación no solo debe provenir de directores y líderes de entidades educativas y del sector privado. Asumir el riesgo de innovar, sin duda, puede ser simple. Solo requiere cuestionar de fondo nuestros paradigmas.

Fuente: Revista Semana

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