ARTÍCULO DEL RECTOR
"Una universidad se empobrece si pierde contacto con la memoria de la ciudad y de la cultura que la rodean."
A propósito de los 60 años de la Universidad del Norte, la Biblioteca Karl C. Parrish Jr. se consolida como uno de los pilares del proyecto institucional y uno de los principales repositorios de la memoria histórica y cultural del Caribe colombiano. Más allá de su función como centro de consulta académica, la biblioteca resguarda valiosas colecciones patrimoniales, impulsa la investigación, promueve la lectura y desarrolla iniciativas que conectan a la comunidad universitaria y a la ciudadanía con el conocimiento, la historia y el patrimonio regional. Con un acervo de más de 175.000 libros y colecciones especiales de alto valor documental, representa el compromiso de Uninorte con la preservación de la memoria y la formación de nuevas generaciones.
La biblioteca que custodia el tiempo
Un lugar donde el tiempo no solo pasa, sino que se conserva
En una universidad que llega a sus sesenta años, conviene detenerse por un momento en aquellos espacios donde el tiempo no solo pasa, sino que se conserva, y se ordena. Uno de esos lugares es, sin duda, la Biblioteca Karl C. Parrish Jr. No me refiero únicamente al edificio, que ya hace parte del paisaje afectivo de varias generaciones de estudiantes y egresados, sino a una institución que ha acompañado silenciosamente la vida intelectual de Uninorte.
Hoy, más que nunca, esa institución cumple una tarea estratégica: custodiar conocimiento, formar lectores, apoyar la investigación y preservar la memoria del Caribe colombiano.
Las estadísticas no son menores
La biblioteca que hoy conocemos es una institución viva. Al día de hoy, sus colecciones generales reúnen 135.097 títulos y 179.099 ejemplares, mientras que las colecciones especiales representan ya 40.785 títulos y 41.377 ejemplares, es decir, cerca del 30 % de los títulos y el 23 % de los ejemplares de libros de la biblioteca. Estas no son estadísticas menores. En ellas se ve con claridad que la biblioteca dejó hace tiempo de ser un servicio complementario para convertirse en una pieza central del proyecto universitario.
· 30 % del total de títulos
· 23 % del total de ejemplares
Las bibliotecas son también una forma de capital. No solo porque contienen libros, documentos y bases de datos, sino porque permiten acumular capacidades.
Como historiador económico, me interesa particularmente un aspecto: las bibliotecas son también una forma de capital. No solo porque contienen libros, documentos y bases de datos, sino porque permiten acumular capacidades. Una universidad es más fuerte cuando tiene laboratorios, buenos profesores y estudiantes curiosos, por supuesto; pero también cuando dispone de una biblioteca capaz de conectar a un joven de primer semestre con un artículo científico reciente, a un investigador con una fuente primaria escasa, o a un egresado con una pregunta que lo obliga a volver. En ese sentido, la Biblioteca Karl C. Parrish Jr. ha sido, durante décadas, una gran infraestructura de aprendizaje.
Cuando la biblioteca se vuelve archivo de ciudad
Pero si hay algo que distingue de manera especial a nuestra biblioteca en este aniversario número sesenta es la riqueza de sus Colecciones Especiales. Allí la biblioteca deja de ser únicamente un lugar de consulta académica para convertirse, además, en archivo de ciudad, repositorio de memorias personales, empresariales e intelectuales, y taller de trabajo para quienes quieren comprender mejor la historia del Caribe.
Estas colecciones están integradas por libros, revistas y materiales documentales —manuscritos, planos, correspondencia, fotografías— procedentes de bibliotecas privadas, archivos personales y archivos empresariales de figuras relevantes en los campos arqueológico, literario, jurídico, médico, urbanístico y académico. La Universidad los ha incorporado mediante compras, canjes y donaciones, y desde los años noventa ha venido consolidando este acervo con una clara vocación patrimonial.
El Archivo Parrish: la ciudad que se imaginaba moderna
El hito decisivo en esta historia fue, sin duda, el ingreso del Archivo Parrish en 2010. Ese año la Universidad suscribió con Parrish y Cía. S. A. un contrato de donación mediante el cual la Biblioteca recibió planos, libros y documentos para su custodia y conservación.
Ese archivo permite reconstruir, con un detalle poco frecuente, la historia de empresas, servicios públicos, proyectos urbanísticos y decisiones de inversión que marcaron el rumbo de la ciudad en el siglo XX.
Lo que guarda el archivo
La Compañía Urbanizadora El Prado, la Compañía Colombiana de Servicios Públicos de Barranquilla y una abundante correspondencia que muestra cómo se tejían relaciones económicas y políticas con otras ciudades de Colombia y del exterior.
Una diversidad que es, precisamente, su mayor virtud
Las Colecciones Especiales no se agotan allí. Una de sus mayores virtudes es, precisamente, la diversidad. Se encuentran la colección del arqueólogo Carlos Angulo Valdés, ligada a sus investigaciones de campo sobre el Caribe; la de Álvaro Cepeda Samudio, con libros adquiridos en viajes y otros obsequiados por sus compañeros del Grupo de Barranquilla; la de Alfonso Fuenmayor; la de Ramón Illán Bacca; la del médico Eusebio de la Hoz; la del matemático Peter Konder; la de Jesús Ferro Bayona; la de Mario Madrid-Malo Garizábal, con una impronta jurídico-humanística de gran amplitud; la de Alberto Abello Vives, que refleja una vida dedicada a pensar el Caribe desde la economía, la cultura y el desarrollo; la de Francisco Posada de la Peña; la de Benjamín Schmulson; la de Gustavo Bell Lemus; la de Malcolm Deas, historiador indispensable para Colombia y Venezuela; la de Alberto Dangond Uribe, con un inmenso acervo bibliográfico, documental y audiovisual; y la de Germán y Mauricio Vargas, entre otras.
Quince fichas de catálogo
Carlos Angulo Valdés
Colección ligada a sus investigaciones de campo sobre el Caribe.
Álvaro Cepeda Samudio
Libros adquiridos en viajes y obsequiados por sus compañeros del Grupo de Barranquilla.
Alfonso Fuenmayor
Fondo vinculado a una de las voces centrales del Grupo de Barranquilla.
Ramón Illán Bacca
Archivo personal de uno de los cronistas más reconocidos de la región Caribe.
Eusebio de la Hoz
Fondo del médico, con materiales de interés para la historia de la salud regional.
Peter Konder
Archivo personal del matemático, parte del acervo académico de la biblioteca.
Jesús Ferro Bayona
Fondo documental vinculado a la trayectoria académica e institucional de Uninorte.
Mario Madrid-Malo Garizábal
Colección con una impronta jurídico-humanística de gran amplitud.
Alberto Abello Vives
Una vida dedicada a pensar el Caribe desde la economía, la cultura y el desarrollo.
Francisco Posada de la Peña
Colección personal integrada al acervo patrimonial de la biblioteca.
Benjamín Schmulson
Colección personal integrada al acervo patrimonial de la biblioteca.
Gustavo Bell Lemus
Fondo con un fuerte componente de historia regional y nacional.
Malcolm Deas
Historiador indispensable para comprender Colombia y Venezuela.
Alberto Dangond Uribe
Un inmenso acervo bibliográfico, documental y audiovisual.
Germán y Mauricio Vargas
Fondo con una fuerte vocación de análisis periodístico y de actualidad.
Dimensionar la riqueza, colección por colección
Los números ayudan a dimensionar esa riqueza. La colección de Malcolm Deas suma 13.285 títulos; la de Alberto Dangond Uribe, 14.231 títulos y cerca de 19.652 piezas audiovisuales; la de Álvaro Cepeda Samudio, 2.667 títulos; la de Germán y Mauricio Vargas, 3.229 títulos; la de Mario Madrid-Malo, 3.184 títulos y 3.490 ejemplares; la de Alberto Abello Vives, 1.571 títulos y 1.670 ejemplares. A eso se agregan fondos documentales y visuales como las 3.914 fotografías de Fernando Mercado Santamaría, los 158 planos de Roberto Acosta Madiedo y las 788 fotografías de la Familia Fernández Bacci.
Hay, además, piezas que tienen un valor simbólico especial. La biblioteca conserva una Colección de Libros Autografiados, nutrida por dedicatorias manuscritas y firmas de autores identificadas en distintos fondos, por ejemplo, un ejemplar de El general en su laberinto firmado por Gabriel García Márquez.
Un ejemplar de El general en su laberinto firmado por Gabriel García Márquez.
No es exagerado decir que, gracias a este trabajo, la Biblioteca Karl C. Parrish Jr. se ha ido convirtiendo en uno de los repositorios más valiosos para estudiar la vida intelectual y cultural de Barranquilla y del Caribe colombiano.
La preservación no basta: la biblioteca también se reinventa
Todo esto sería ya suficiente para justificar una celebración. Pero la biblioteca actual no vive solo de la preservación. También se reinventa. Hoy ofrece talleres de competencias informativas para pregrado a través de BibLab, concebidos para enseñar a acceder, evaluar y usar información de manera ética, eficiente y eficaz. Brinda asesorías personalizadas para estudiantes, profesores e investigadores en temas como bases de datos, perfiles académicos, uso de Web of Science y Scopus, búsqueda de patentes, fuentes de financiación y alertas informativas, facilita el préstamo de portátiles y el acceso a espacios de estudio y reserva de recursos a través de sus plataformas y servicios para estudiantes y docentes.
BibLab
Talleres de competencias informativas para pregrado, para aprender a acceder, evaluar y usar información de manera ética, eficiente y eficaz.
Asesorías especializadas
Acompañamiento a estudiantes, profesores e investigadores en bases de datos, perfiles académicos, Web of Science, Scopus, patentes y fuentes de financiación.
Préstamo y espacios
Préstamo de portátiles, acceso a espacios de estudio y reserva de recursos a través de las plataformas de la biblioteca.
En tiempos en que solemos medirlo todo por su velocidad o por su rendimiento inmediato, una biblioteca nos recuerda otra cosa: que el conocimiento también necesita sedimentación, cuidado y hospitalidad.
Una biblioteca que se extiende más allá de sus estanterías
También mantiene programas de promoción de lectura como Bibliotecas Abiertas, que cada jueves convierte los jardines frente a la fuente en un espacio de integración alrededor de los libros. Se complementa con iniciativas culturales como Rutas de la Memoria, EncuadenArte, la Escuela de Conservación y LitInfan, que extienden la biblioteca más allá de sus estanterías. Rutas de la Memoria es un espacio creado para acercar a la comunidad al patrimonio documental y urbano, a través de visitas al Archivo Parrish y recorridos por el barrio Prado, que permiten conectar los documentos y la memoria con la realidad patrimonial del territorio. Por su parte, EncuadenArte y la Escuela de Conservación promueven buenas prácticas de conservación patrimonial, mientras que LitInfan fomenta la lectura y el encuentro de los niños y las niñas con los libros.
Bibliotecas Abiertas
Convierte los jardines frente a la fuente en un espacio de integración alrededor de los libros.
Rutas de la Memoria
Visitas al Archivo Parrish y recorridos por el barrio Prado que conectan documentos y memoria con el territorio.
EncuadenArte
Promueve buenas prácticas de conservación patrimonial aplicadas a los materiales de la biblioteca.
Escuela de Conservación
Espacio formativo dedicado al cuidado responsable de documentos, libros y fondos patrimoniales.
LitInfan
Fomenta la lectura y el encuentro de los niños y las niñas con los libros, extendiendo la vocación formadora de la biblioteca a las primeras infancias.
Un ejemplo de lo que hemos querido ser
Tal vez por eso, al Uninorte cumplir sesenta años, vale la pena mirar la Biblioteca Karl C. Parrish Jr. como un ejemplo de lo que hemos querido ser. Un lugar abierto al mundo, sí, pero firmemente anclado en su región. Un espacio que acompaña la formación profesional, pero que también resguarda manuscritos, planos, fotografías y archivos empresariales para que podamos leer mejor el pasado. Una institución que presta libros y portátiles, organiza talleres y actividades culturales, reserva cubículos y asesora búsquedas científicas, pero que al mismo tiempo entiende que una universidad se empobrece si pierde contacto con la memoria de la ciudad y de la cultura que la rodean. En esa combinación de servicio cotidiano y patrimonio duradero está, quizá, una de las mejores razones para celebrar a Uninorte en sus sesenta años.
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