COLUMNA DE OPINIÓN
"Nuestro mayor legado no es el lugar al que llegamos, sino la esencia que conservamos mientras avanzamos."
Lorenzo Zanello - Economista (2008) y Doctor en Ciencias Sociales (2011)
Una reflexión sobre el valor de las raíces, la identidad que nos acompaña a lo largo de la vida y la capacidad de transformar nuevos horizontes sin perder de vista el lugar del que venimos. Un recorrido por los vínculos, aprendizajes y legados que nos conectan con nuestra historia y nos impulsan a construir futuro.
Aprender a ser río
para encontrarse con el mar
Esta metamorfosis no ocurre al azar. En nuestras aulas opera una verdadera fábrica de humanidad, una paradoja necesaria en estos tiempos de algoritmos y respuestas rápidas, de estéticas vacías donde el envase suele ser más importante que el contenido.
En el silencio de los laboratorios o en el acalorado debate de sus cátedras, el rigor de la ciencia se encuentra con la realidad cruda de nuestra región, obligando al pensamiento a no separarse nunca de su devenir.
El tono Caribe de nuestro liderazgo
En estas seis décadas, ese caudal ha desembocado más de 76.000 historias vivas. Juntos, hemos redibujado el mapa: hoy la región no termina en sus costas, sino dondequiera que habite un uninorteño.Hemos superado esa vieja y falsa dicotomía entre irse o quedarse. Nuestro legado es un ecosistema de dinámicas constantes:
Sostiene el territorio
Sostiene el territorio desde sus cimientos, dando continuidad al cauce que otros heredarán.
Oxigena el cauce
Vuelve para oxigenar el cauce con nuevas aguas, aprendidas en otros territorios.
Lleva el sedimento
Extiende su esencia por el mundo, llevando el sedimento de nuestro origen a nuevos mares.
Todos, sin excepción, formamos parte de este delta de conexión que permite que el Caribe sea pensado y entendido globalmente.
Ser Caribe es, en esencia, una epistemología del agua: es entender la vida desde la fluidez y el movimiento. Al encontrarnos con el mar, el uninorteño no se diluye. Al contrario, nuestra fuerza radica en la capacidad de transformar nuevos mares con nuestra propia dulzura de río y nuestra perspectiva de desembocadura.
La casa que enseña a triunfar
Al final, regresamos siempre a la “Casa que enseña a triunfar” como el ciclo del agua que retorna a la tierra. Sesenta años nos han enseñado que la incertidumbre es nuestra única certeza.
Sigamos fluyendo, con la convicción de que, si el río reconoce su cauce, el mar nunca lo asusta; simplemente lo abraza para darle una escala universal.
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